sábado, 15 de julio de 2017

Responsabilidad de un club de fútbol y de la AFA en relación a los daños sufridos por un espectador durante un encuentro deportivo

Responsabilidad de un club de fútbol y de la AFA en relación a los daños sufridos por un espectador durante un encuentro deportivo

Partes: Rodríguez Fidel Tomás c/ Asociación de Fútbol Argentino y otros s/ ordinario
Tribunal: Cámara Nacional de Apelaciones en lo Comercial
Sala/Juzgado: D
Fecha: 22-dic-2016
Sumario:

1.-El tema de los daños sufridos por los asistentes a los encuentros deportivos no es nuevo, y los accidentes ocurridos en especial en los partidos de fútbol son cosa de todos los días, siendo sus causas tanto la violencia de las hinchadas como también la inadecuación de los estadios y la falta de medidas de seguridad tendientes a evitarlos.
2.-El fútbol, como espectáculo popular, ha sido durante muchos años una fiesta del deporte y la alegría, se ha convertido hoy en una feroz competencia de intereses bastardos a cuyo servicio los clubes han instituido los ‘barras bravas’ para movilizar a los ‘hinchas’ seguidores de los equipos en sus campañas y alentarlos en la contienda; para manifestarse violentamente contra las hinchadas rivales y ejercer toda clase de ‘vías de hecho’ contra los jugadores del equipo rival. Estas bandas agresivas, entrenadas para ello, cuentan con el apoyo de los dirigentes de los clubes que le permiten el libre acceso a las instalaciones y les reservan sus espacios en las tribunas recibiendo a la vez dádivas en dinero, entradas gratuitas para la reventa y pasajes para viajar y asistir a los partidos fuera de sus sedes.
3.-El escenario de la ‘cancha’ donde se desarrollaban antes las fiestas de los domingos y donde concurrían los infaltables simpatizantes con sus familias, se ha convertido hoy en un peligroso campo de combate en el que se puede perder la vida; la ‘cancha’ es hoy un verdadero campo de Agramante .
4.-Hoy en día la inseguridad es mayor y los declamados esfuerzos de fuerzas de seguridad, gobiernos y particularmente dirigentes de fútbol parecen haberse quedado en el discurso políticamente correcto , al punto que algunos de los llamados han sido partícipes en graves hechos delictivos y al decir de la prensa especializada, son titulares de numerosos negocios que rodean el espectáculo deportivo, muchas veces con la complicidad o la impotencia de los dirigentes de sus clubes. Prueba palmaria de lo dicho es la disposición adoptada por la Asociación del Fútbol Argentino en el año 2007 de impedir el ingreso de público visitante a los partidos que organiza, lo cual muestra tanto la gravedad que ha alcanzado el tema seguridad en los estadios de fútbol, como la ineficiencia de las fuerzas policiales y dirigenciales para desterrar a los violentos y brindar así razonable seguridad.
5.-En un escenario de menor virulencia que el actual, se dictó la Ley 23.184 que consagró una responsabilidad objetiva con fundamento en el riesgo creado que, como dijo el Alto Tribunal .prescinde de toda idea de culpa por parte del sujeto obligado a resarcir frente al espectador que sufre un daño, en estadios de concurrencia pública, durante un espectáculo deportivo (CSJN, Zacarías ).
6.-La propia Corte entendió que entre el Club, como organizador del juego y el espectador es celebrado un contrato innominado llamado de espectáculo público , por el cual aquel se compromete implícitamente a brindar al segundo la seguridad de no ser víctima de daño alguno durante el desarrollo del evento.
7.-La entonces vigente ley 23.184 (a la fecha del evento dañoso), dispuso la responsabilidad solidaria de las entidades o asociaciones participantes de un espectáculo deportivo de los daños sufridos por los espectadores de los mismos, en los estadios y durante su desarrollo, si no ha mediado culpa por parte del damnificado (art. 33). Posteriormente (año 1993) la ley 24.192 modificó la citada y ratificó en su art. 51 la responsabilidad solidaria de aquellas sin mayores cortapisas, objetivando aún más el factor de atribución ( Las entidades o asociaciones participantes de un espectáculo deportivo, son solidariamente responsables de los daños y perjuicios que se generen en los estadios ).
8.-Conforme al nuevo ordenamiento – Ley 24.192 – y la evolución de la jurisprudencia, en un fallo de gran relevancia en materia de entidades deportivas, la Corte Nacional entendió, a diferencia de lo que había establecido en el precedente Zacarías, que la Asociación del Fútbol era solidariamente responsable con el club local de los eventos dañosos producidos en ocasión de un encuentro deportivo. Lo cual llevó al Alto Tribunal a condenar a ambas instituciones por los daños producidos en las afueras del estadio con motivo de elementos arrojados desde su interior (CSJN, 6.3.2007, Mosca, Hugo A. c. Provincia de Buenos Aires y otros ). En este fallo la Corte Nacional estableció que el organizador responde objetivamente por hechos vinculados inmediatamente a su accionar y previsibles al momento de organizar el espectáculo. Tal estándar evita que la responsabilidad alcance a hechos mediatamente conectados, como son los daños sufridos por personas que están lejos y que son dañados por otros participantes o asistentes al espectáculo fuera del área de control del organizador .
9.-La seguridad que debe brindarse respecto a los espectadores de un evento deportivo, constituye una obligación de resultado, que se atiende garantizando al espectador que podrá concurrir al espectáculo deportivo organizado por el club anfitrión, y que este se desarrollará sin peligro para el asistente y en condiciones de indemnidad para su persona y bienes.
10.-El contrato de espectáculo público deportivo se encuentra comprendido en una relación de consumo y el amparo constitucional (art. 42 de la CN.) no sólo debe sujetarse respecto del ‘espectador’ como sujeto contratante, sino también a la ‘víctima’ comprendida como ‘…quien sufre un daño causado por un producto o servicio prestado a un ‘consumidor’ o ‘usuario’… .
11.-La jurisprudencia del Alto Tribunal ha sido pacífica en punto a responsabilizar al Club anfitrión por los daños infringidos a un espectador en ocasión del evento deportivo.
12.-La ley específica, como la doctrina y jurisprudencia citadas, califica como objetiva la responsabilidad que deriva del incumplimiento del deber de seguridad que debe otorgar el Club anfitrión. Así fue carga de su parte demostrar los extremos que permitirían eximirlo de tal consecuencia.
13.-Ha sido dicho que la noción de daño moral se halla vinculada con el concepto de desmedro extrapatrimonial o lesión en los sentimientos personales, en las afecciones legítimas o en la tranquilidad anímica, que no son equiparables ni asimilables a las meras molestias, dificultades, inquietudes, o perturbaciones que pueda llegar a provocar un simple incumplimiento contractual, en tanto estas vicisitudes o contrariedades son propias del riesgo de cualquier contingencia negocial.
14.-Son claras las diferencias entre el daño psicológico y el moral. El primero atiende a la afectación de los sentimientos personales o la afectación anímica; mientras que el psicológico se endereza más a una cuestión más patológica y de allí que la ausencia de daño psíquico no predica necesariamente la inexistencia del moral. N.R.: Sumarios elaborados por Ricardo A. Nissen.
Fallo:
En Buenos Aires, a los 22 días del mes de diciembre de dos mil dieciséis, reúnense los señores Jueces de la Sala D de la Excelentísima Cámara Nacional de Apelaciones en lo Comercial de la Capital Federal, con el autorizante, para dictar sentencia en la causa “RODRIGUEZ FIDEL TOMAS contra ASOCIACIÓN DE FUTBOL ARGENTINO Y OTROS sobre ORDINARIO” registro N° 30181/2012/CA1, procedente del JUZGADO N° 22 del fuero (SECRETARIA N° 43), en los cuales como consecuencia del sorteo practicado de acuerdo con lo previsto por el art. 268 del Código Procesal, resultó que debían votar en el siguiente orden, Doctores: Vassallo, Garibotto y Heredia.
Estudiados los autos la Cámara planteó la siguiente cuestión a resolver:
¿Es arreglada a derecho la sentencia apelada?
A la cuestión propuesta, el Señor Juez de Cámara, Gerardo G. Vassallo dijo:
I. El señor Fidel Tomás Rodríguez promovió demanda contra la Asociación del Futbol Argentino y el Club Ferro Carril Oeste Asociación Civil, con el objeto que se los condene a resarcirlo de los daños y perjuicios que le generaron los incidentes violentos de los que fue víctima, ocurridos en el estadio del último de los nombrados.
Relató que el 14 de noviembre de 2009 concurrió al estadio de Ferro Carril Oeste a presenciar el partido que disputarían ese club contra Deportivo Merlo. A tal fin ingresó a la tribuna local aunque sin abonar entrada al estar eximido de ello por ser persona discapacitada. Dijo también haber ido junto a un acompañante, a quien no identificó.
Promediando el segundo tiempo y luego de que el club local empatara el partido, dijo haber sido sorpresivamente golpeado en la nuca lo que provocó su inmediata caída. Ya en el piso continuó la tremenda golpiza de un nutrido grupo de simpatizantes de Ferro Carril Oeste.Auxiliado y luego retirado por personal policial, fue atendido en el Hospital Álvarez y posteriormente derivado al Centro Gallego.
Refirió cierta publicación periodística que describió la agresión, aunque identificándolo como hincha del club visitante; calidad que fue negada por Rodríguez, quien se identificó como simpatizante del Club Boca Juniors.
De seguido el actor desarrolló su argumentación jurídica para responsabilizar a ambos demandados: a la AFA como organizadora del torneo y al Club Ferro Carril Oeste por haber sido víctima de sus propios seguidores y ocurrir en el ámbito de su estadio.
Citó variada jurisprudencia en su apoyo.
Al enumerar los daños a resarcir, sostuvo haber sido afectado físicamente pues los golpes le produjeron una trombosis en la fístula mediante la cual se dializa (señaló ser trasplantado de riñón), pieza que dijo afectada definitivamente ocasionándole graves problemas para los necesarios tratamientos posteriores.
También dijo afectados los “tendones rotulianos” lo cual perjudicó su movilidad. Reclamó entonces por este perjuicio un resarcimiento de $ 600.000.
Invocó a su vez haber padecido daño moral no sólo por el hecho en sí, sino también por las consecuencias que le generó en su enfermedad de base que entendía controlada. Pretendió ser resarcido por este perjuicio con otra suma de $ 600.000.
Por gastos en materia de movilidad y farmacia requirió la suma de $ 50.000; por daño psicológico $ 100.000; y por el tratamiento consecuente la suma de $ 25.000. Total $ 1.375.000.
II. La Asociación del Futbol Argentino se presentó en fs. 58/76.
Luego de una pormenorizada negativa de hechos, postuló carecer de toda responsabilidad por la trifulca invocada por Rodríguez, en tanto ajeno a la seguridad del espectáculo deportivo, función que cumplimenta el Estado primero inspeccionando y luego habilitando al estadio; para ulteriormente dar cobertura durante el espectáculo deportivo, con la intervención de la autoridad policial.Detalló aquí diversa normativa que, a su juicio, abona lo antes postulado.
Su intervención en este hecho deportivo se limitó, según dijo, a organizar los campeonatos, programando los partidos, otorgando carácter de local o visitante a cada equipo y, en su caso, juzgando las eventuales inconductas que pudieren producirse en el desarrollo del juego.
Entiendo aquí suficiente la descripción de las defensas planteadas por la AFA pues, como se verá más adelante, su recurso fue declarado desierto al omitir presentar en tiempo su expresión de agravios, por lo cual la Sala no podrá analizar la responsabilidad jurídica de la entidad referida, por haber quedado consentida la que le atribuyó la sentencia de grado.
III. El Club Ferro Carril Oeste Asociación Civil contestó demanda en fs. 83/89, postulando el total rechazo de la pretensión en su contra.
Luego de desconocer tanto los hechos referidos por Rodríguez en su escrito de inicio como la documental aportada, recordó que por disposición de la AFA del 31.7.2007 ha sido prohibido el acceso del público visitante como espectador de un encuentro futbolístico. En este marco fáctico, y al afirmar que el actor era simpatizante del club Deportivo Merlo, el acceder a la tribuna rival infringió aquella disposición administrativa lo cual desencadenó el violento incidente que ahora invoca.
Pidió sea citada su aseguradora a los efectos previstos en el artículo 118 de la ley de seguros.
IV. El Surco Compañía de Seguros S.A. contestó tal citación en fs.102/109.
Al igual que los restantes demandados, la aseguradora realizó una puntillosa negativa de hechos al iniciar su presentación.
De seguido, cuestionó que el señor Rodríguez hubiere ingresado al estadio exhibiendo solamente su carnet de discapacidad pues era menester registrarse en el Club con antelación.
A su vez, calificó como ilógico que un discapacitado que no es hincha del club local ingrese a la tribuna popular de tal divisa, no grite el gol y eventualmente discuta con sus simpatizantes provocando su reacción.
Dijo que el Club no denunció siniestro alguno y no le consta que hinchas de Ferro hubieran sido los autores de la golpiza que, de haber ocurrido, pudo ser causada por múltiples factores.
Entendió así que cabrá al actor acreditar tales hechos, los cuales no pueden presumirse.
De seguido citó en su apoyo diversa jurisprudencia; cuestionó luego la veracidad de los daños invocados y la cuantía de la indemnización perseguida.
V. La sentencia de primera instancia (fs. 747/755) admitió parcialmente la demanda y condenó tanto a la Asociación del Futbol Argentino como al Club Ferro Carril Oeste a indemnizar al actor con la suma de $ 140.000, con más intereses y las costas del juicio.
Con apoyo en la investigación fiscal venida ad effectum videndi, la declaración de los policías que actuaron para suspender la pelea y las imágenes capturadas en video, la sentencia entendió probado el hecho dañoso referido por Rodríguez en su escrito de demanda.
Entendió responsable al Club Ferro Carril Oeste por ser el organizador del espectáculo deportivo y, por tanto, ser quien debió procurar la seguridad de quienes asistieron al mismo.
También atribuyó a la AFA una responsabilidad de origen legal, conforme las previsiones de la ley 23.184 con las novedades aportadas por la ley 24.192.
Admitió entonces el resarcimiento por el daño físico, pero solo hasta la suma de $ 30.000.Ello pues aún cuando el actor no brindó pautas que justificaran su pretensión, es claro que el hecho ocurrió y le generó a Rodríguez el agravamiento de su incapacidad. Particularmente complicó su enfermedad al anular la vía ordinaria y eficiente para practicar la diálisis que requiere su tratamiento.
También acogió el daño moral, pues entendió que la índole de la golpiza recibida hacía presumir el agravio extrapatrimonial. Otorgó aquí la suma de $ 100.000 en calidad de resarcimiento.
En cuanto al perjuicio traducido en los gastos “pasados y futuros”, presumió también su existencia a pesar de no haberse producido prueba al respecto, y concedió la suma de $ 10.000.
Rechazó tanto el daño psicológico como los gastos del tratamiento respectivo pues la prueba pericial no halló afectación alguna.
Todas las partes apelaron el fallo. Sin embargo la Asociación del Futbol Argentino no presentó memorial, por lo cual su recurso fue declarado desierto en fs. 804.
De su lado, el Club Ferro Carril Oeste al expresar agravios (fs. 771/777), cuestionó la interpretación jurídica que desarrolló la sentencia que la llevaron a atribuirle responsabilidad en el hecho dañoso; sostuvo que no existía relación causal entre el hecho acontecido y el supuesto daño padecido; y por último criticó la tasa de interés autorizada al calificarla de excesiva.
La citada en garantía cuestionó en fs. 785/788 los montos otorgados como resarcimiento por entenderlos elevados.
De su lado el actor en fs. 771/777 también impugnó la cuantía de las indemnizaciones concedidas, pero en este caso por sentirlas exiguas.
VI.La mera descripción de los diversos recursos vuelve claro que cabe pronunciarse en primer término respecto del planteado por la codemandada Club Ferro Carril Oeste, pues su eventual progreso podría incidir sustancialmente en la vigencia de los restantes.
a) Recurso deducido por Ferro Carril Oeste:
La sentencia de primera instancia, luego de entender probados los hechos referidos por el actor en su demanda, atribuyó responsabilidad al Club Ferro Carril Oeste como a la Asociación del Futbol Argentino por los daños que sufrió el actor como consecuencia del ataque de otros espectadores en un partido de futbol que se desarrolló en las instalaciones del primero.
Entendió, respecto del club, que tenía un deber de seguridad para con los asistentes al evento deportivo, al punto que debe extremar las medidas que garanticen la integridad de los mismos.
Descartó como elementos que autoricen a eximirlo de tal deber que el actor no hubiera acompañado el ticket que lo habilitó a estar en el lugar; como que fuera simpatizante de una divisa diferente a las que disputaban aquel partido.
En su expresión de agravios la codemandada Ferro Carril Oeste impugnó el fallo por carencia de todo respaldo normativo, amén de destacar que la seguridad en un estadio de futbol le corresponde al Estado por medio de la Policía Federal Argentina.
La lectura de la sentencia revela que la decisión derivó de expresiones dogmáticas en tanto no fueron acompañadas de una referencia legal o apoyadas mediante cita de doctrina o jurisprudencia.
Sólo afirmó que el Club, como organizador de espectáculos deportivos, tiene que prever y garantizar la seguridad del espectador (en este caso), para lo cual debe “extremar las medidas pertinentes.”.
La recurrente cuestionó tal afirmación en tanto afirmó que aquél deber de seguridad se encontraba en cabeza del Estado.
Tanto la legislación, la jurisprudencia como la doctrina han encarado este tema con gran interés, pues es un hecho notorio que los sucesos violentos en un estadio de futbol no son cuestiones novedosas.
Como recordó la Corte Suprema de Justicia de la Nación en unode los fallos señeros en la materia, “.el tema de los daños sufridos por los asistentes a los encuentros deportivos no es nuevo, y los accidentes ocurridos en especial en los partidos de fútbol son cosa de todos los días, siendo sus causas tanto la violencia de las hinchadas como también la inadecuación de los estadios y la falta de medidas de seguridad tendientes a evitarlos” (CSJN, 28.4.1998, “Zacarías, Claudio H. c/ Provincia de Córdoba y otros” ; LL 1998-C, 322; cita online AR/JUR/935/1998).
En una encendida crítica a este fallo, en tanto desligó de responsabilidad a la Asociación del Futbol Argentino, el Dr. Bustamante Alsina recordó que el futbol, como espectáculo popular, “.ha sido durante muchos años una fiesta del deporte y la alegría, se ha convertido hoy en una feroz competencia de intereses bastardos a cuyo servicio los clubes han instituido los ‘barras bravas’ para movilizar a los ‘hinchas’ seguidores de los equipos en sus campañas y alentarlos en la contienda; para manifestarse violentamente contra las hinchadas rivales y ejercer toda clase de ‘vías de hecho’ contra los jugadores del equipo rival.Estas bandas agresivas, entrenadas para ello, cuentan con el apoyo de los dirigentes de los clubes que le permiten el libre acceso a las instalaciones y les reservan sus espacios en las tribunas recibiendo a la vez dádivas en dinero, entradas gratuitas para la reventa y pasajes para viajar y asistir a los partidos fuera de sus sedes.
El escenario de la ‘cancha’ donde se desarrollaban antes las fiestas de los domingos y donde concurrían los infaltables simpatizantes con sus familias, se ha convertido hoy en un peligroso campo de combate en el que se puede perder la vida; la ‘cancha’ es hoy un verdadero campo de Agramante” (Bustamante Alsina, J., ¿Es responsable la Asociación del Fútbol Argentino por los daños que se generan en ocasión de las competencias que organizan sus entidades afiliadas?, LL 1998-C, 317 – Responsabilidad Civil Doctrinas Esenciales Tomo V, 1257; cita online AR/D0C/5796/2001).
Lamentablemente, esta dramática pintura de la realidad, pasados ya casi veinte años de ser escrita, no ha sido mejorada. Diría que hoy en día la inseguridad es mayor y los declamados esfuerzos de fuerzas de seguridad, gobiernos y particularmente dirigentes de futbol parecen haberse quedado en el discurso “políticamente correcto”.
Al punto que algunos de los llamados han sido partícipes en graves hechos delictivos y al decir de la prensa especializada, son titulares de numerosos “negocios” que rodean el espectáculo deportivo, muchas veces con la complicidad o la impotencia de los dirigentes de sus clubes.
Prueba palmaria de lo dicho es la disposición adoptada por la Asociación del Futbol Argentino en el año 2007 de impedir el ingreso de público visitante a los partidos que organiza.Ello muestra tanto la gravedad que ha alcanzado el tema seguridad en los estadios de futbol, como la ineficiencia de las fuerzas policiales y dirigenciales para desterrar a los violentos y brindar así razonable seguridad.
En un escenario de menor virulencia que el actual, se dictó la ley 23.184 que consagró una responsabilidad objetiva con fundamento en el riesgo creado que, como dijo el Alto Tribunal “.prescinde de toda idea de culpa por parte del sujeto obligado a resarcir frente al espectador que sufre un daño, en estadios de concurrencia pública, durante un espectáculo deportivo” (CSJN, “Zacarías”, ya citado).
Como preámbulo de lo dicho, la propia Corte entendió que entre el Club, como organizador del juego y el espectador es celebrado un contrato innominado llamado de “espectáculo público”, por el cual aquel se compromete implícitamente a brindar al segundo la seguridad de no ser víctima de daño alguno durante el desarrollo del evento.
De hecho la entonces vigente ley 23.184 (a la fecha del evento dañoso), dispuso la responsabilidad solidaria de las “entidades o asociaciones participantes de un espectáculo deportivo de los daños sufridos por los
espectadores de los mismos, en los estadios y durante su desarrollo, si no ha mediado culpa por parte del damnificado” (artículo 33).
Posteriormente (año 1993) la ley 24.192 modificó la citada y ratificó en su artículo 51 la responsabilidad solidaria de aquellas sin mayores cortapisas, objetivando aún más el factor de atribución (“Las entidades o asociaciones participantes de un espectáculo deportivo, son solidariamente responsables de los daños y perjuicios que se generen en los estadios”).
Conforme este nuevo ordenamiento y la evolución de la jurisprudencia, en un fallo de gran relevancia en materia de entidades deportivas, la Corte Nacional entendió, a diferencia de lo que había establecido en el precedente Zacarías, que la Asociación del Futbol era solidariamente responsable con el Club local de los eventos dañosos producidos en ocasión de un encuentro deportivo.Lo cual llevó al Alto Tribunal a condenar a ambas instituciones por los daños producidos en las afueras del estadio con motivo de elementos arrojados desde su interior (CSJN, 6.3.2007, “Mosca, Hugo A. c. Provincia de Buenos Aires y otros” ; LL 2007-B, 261; cita online AR/JUR/102/2007).
En este fallo la Corte Nacional estableció que “.el organizador responde objetivamente por hechos vinculados inmediatamente a su accionar y previsibles al momento de organizar el espectáculo. Tal estándar evita que la responsabilidad alcance a hechos mediatamente conectados, como son los daños sufridos por personas que están lejos y que son dañados por otros participantes o asistentes al espectáculo fuera del área de control del organizador”. El carácter objetivo de esta responsabilidad ha sido reconocida por la doctrina (Carrasco, Valeria, Responsabilidad civil por daños sufridos por asistentes a un espectáculo deportivo, en Temas de Derecho Deportivo – diversos autores- páginas 211/212; Borangina J. y Meza, J., La responsabilidad por daños en espectáculos deportivos, página 382/383, en Tratado de Derecho Deportivo, Mosset Iturraspe, J., director).
Luego de ello, y ya en el ámbito del derecho del consumidor consideró que “.el derecho a la seguridad previsto en el art. 42 de la Constitución Nacional, que se refiere a la relación de consumo, que abarca no sólo a los contratos, sino a los actos unilaterales como la oferta a sujetos indeterminados, que es precisamente el caso que se presenta en autos”.
Luego aclaró que “.no cabe interpretar que la protección de la seguridad, prevista en el art. 42 de la Constitución Nacional, tenga un propósito meramente declarativo, sino que, por el contrario, es correcta la hermenéutica orientada hacia el goce directo y efectivo por parte de sus titulares.La seguridad, que en este caso debe ser entendida, como el simple derecho de asistir a un espectáculo público sin sufrir daño alguno, es un propósito que debe constituir la máxima preocupación por parte de quienes los organizan cuando éstos importan algún riesgo para los asistentes, así como de las autoridades públicas encargadas de la fiscalización”.
Trátase así de una obligación de resultado, que se atiende garantizando al espectador que podrá concurrir al espectáculo deportivo organizado por el club anfitrión, y que este se desarrollará sin peligro para el asistente y en condiciones de indemnidad para su persona y bienes (Pizarro, Ramón D., El fallo de la Corte Suprema de Justicia y la violencia en el fútbol: una bocanada de aire fresco, RCyS2007, 448, cita online AR/D0C/1379/2007; Pita, E., La responsabilidad civil deportiva, página 134).
Pero a la luz de lo dicho por la Corte en el fallo citado, alguna doctrina ha colegido, en calificación que comparto, que el contrato de espectáculo público deportivo se encuentra comprendido en una “relación de consumo”. Pero tal autor señaló, a la luz de la condena que el Alto Tribunal impuso al Club y a la AFA por los daños producidos a quien se encontraba en las afueras del estadio, aunque vinculado a tal evento, que “.a partir de ello la cobertura constitucional (art. 42 de la CN) no sólo debe sujetarse respecto del ‘espectador’ como sujeto contratante, sino también a la ‘víctima’ comprendida como ‘.quien sufre un daño causado por un producto o servicio prestado a un ‘consumidor’ o ‘usuario’.” (Falco, Guillermo E., La relación de consumo y el contrato de espectáculo público deportivo, LL 2007-B, 634).
En lo que aquí interesa, la jurisprudencia del Alto Tribunal ha sido pacífica en punto a responsabilizar al Club anfitrión por los daños infringidos a un espectador en ocasión del evento deportivo (CSJN, 20.12.2011, “Migoya, Carlos Alberto c.Provincia de Buenos Aires y otros s/ daños y perjuicios” ; LL 2012-B, 139; cita online AR/JUR/84373/2011; íd. 20.12.2011. “Molina, Alejandro Agustín c. Santa Fe, Provincia de y otros s/ daños y perjuicios” ; LL 2012-A, 439; cita online AR/JUR/84375/2011).
Lo expuesto resulta a mi juicio, suficiente para responsabilizar al Club recurrente por los hechos ocurridos dentro de su estadio y, en este caso, durant e el desarrollo del encuentro de futbol.
Nada incide en esta conclusión que el actor no contara con el ticket de ingreso o que no hubiere abonado entrada. Como bien dijo la sentencia, está fuera de toda discusión que el señor Fidel Rodríguez se encontraba en la tribuna local al tiempo que sucedieron los hechos; y acreditada su discapacidad, es indiscutido también que el club organizador autorizaba su entrada al espectáculo sin cobro del canon.
Tampoco resulta relevante que el señor Rodríguez no fuera simpatizante del club local. Es evidente que tal calidad no le impide el acceso al estadio, ni exime al Club organizador de brindarle la necesaria seguridad para que su permanencia no sea afectada.
Podría evaluarse esta situación de tratarse de un simpatizante de la escuadra ocasionalmente contraria y más aún si el actor hubiera festejado los goles de su divisa. Pero ello no supera una simple conjetura o una eventual hipótesis de análisis, pues no ha sido acreditado que Rodríguez fuera seguidor de Deportivo Merlo.Lo probado es que es simpatizante de Boca Juniors y que previo a la golpiza, su único acto fue no hacer gesto alguno (de aprobación ni de reprobación) del gol de Ferro.
Lo hasta aquí dicho basta, a mi entender, para denegar el agravio del Club recurrente en punto a su cuestionada responsabilidad por los daños que padeció el aquí actor.
Cabe entonces analizar el segundo agravio que titula como inexistencia de nexo causal entre el hecho y los daños invocados.
Al desarrollar la citada imputación, que luego refuerza con una alegada arbitraria valoración de la prueba y violación a la sana crítica y el debido proceso, la recurrente discurre por un aspecto que tendría relación con el título, una presunta ausencia de evaluación del contenido de la pericial médica, para luego derivar a otros aspectos que nada tienen que ver con el epígrafe de este capítulo como es la prueba de la culpa.
En rigor este agravio infringe claramente la regla prevista en el artículo 265 del código de rito.
En punto a la referencia que hace al peritaje, sólo cuestiona que la sentenciante se hubiere limitado a transcribir el dictamen sin desarrollar un estudio crítico del mismo. Pero luego de sostener ello, la recurrente no propone crítica alguna en punto a la evaluación realizada por el experto.
Es claro que si cuestiona la sentencia por no concretar una valoración de la prueba, la apelante debió señalar las razones por las cuales sustancialmente fue inadecuada la conclusión de la señora Jueza a quo.Al omitir ello, la queja quedó huérfana de sustancia.
En punto a la prueba de la culpabilidad de su parte, la cuestión resulta abstracta.
Como ha sido dicho en párrafos anteriores la ley específica, como la doctrina y jurisprudencia citadas, califica como objetiva la responsabilidad que deriva del incumplimiento del deber de seguridad que debe otorgar el Club anfitrión.
Así fue carga de su parte demostrar los extremos que permitirían eximirlo de tal consecuencia.
Por ello, el agravio en estudio debe ser desestimado.
Resta analizar la queja referida a la tasa de interés autorizada por la sentencia.
Empero como los recursos pendientes cuestionan, uno por elevado y otro por exiguo, los resarcimientos otorgados (y en el caso de la citada en garantía la veracidad y entidad del daño y también la tasa de interés), entiendo prudente analizar el presente una vez concluido el estudio de las referidas apelaciones.
De seguido, entonces, analizaré conjuntamente los recursos pendientes dividiendo el discurso de acuerdo a los daños invocados y que ahora fueron objeto de apelación.
b) Daño físico:
La citada en garantía cuestionó la existencia de un daño físico relevante contraponiendo las conclusiones del dictamen pericial médico realizado en este proceso con el informe “médico legal” que se practicó en sede policial, y los dichos del propio actor ante el perito psicólogo.
La lectura del memorial de agravios en este punto revela una referencia parcial y sesgada que justifican su rechazo sin más.
El peritaje médico de fs. 562/567 concluyó, luego de la evaluación que realizó del actor, que presentaba una incapacidad laboral parcial y permanente del 100% de la total obrera.
Al puntualizar cuales fueron las razones que justificaron tal dictamen, el experto la sustentó con exclusividad en la trombosis y oclusión de la fístula, la cual quedó inhabilitada para la diálisis que el actor se realizaba tres veces por semana.Esta trombosis y oclusión se corroboró con la revisión preliminar que se realizó en sede policial, pues en aquel momento fue verificado que Rodríguez “.presenta un hematoma en la zona donde lleva colocada una prótesis vascular para diálisis renal” (fs. 19 expediente investigación fiscal).
Resulta claro, de la mera comparación de los dos dictámenes (el realizado aquí y el de sede policial), que el primero requirió un estudio más profundo pues el perito no sólo examinó físicamente al actor sino que consultó su historial médico. En cambio la tarea desarrollada en sede policial se limitó a una descripción superficial del estado del señor Rodríguez al tiempo del evento.
Aún así no advierto ningún tipo de contradicción entre ambos informes.
Tampoco existe disenso entre el relato del señor Rodríguez al entrevistarse con el perito psicólogo y las conclusiones médicas.
El recurrente no transcribe íntegramente los dichos del actor, quien refirió sus gustos por ir a la cancha los cuales mermaron inicialmente luego del evento pues tenía miedo de concurrir.También las dificultades que le generó la fístula ocluida, lo cual lo llevó a diversas operaciones para tratar de impermeabilizar la vía, la colocación de otra en el pecho que no funcionó. Refirió también sus problemas para desplazarse por golpes que dijo recibió en sus piernas (no comprobados pericialmente), y otros aspectos de su vida que indican que, a pesar afirmar no tener cambio en su vida con relación a su desarrollo anterior a la golpiza, interpretado ello de modo integral con todos sus dichos, el hecho dañoso le generó claros inconvenientes en su quehacer.
Lo expuesto permite ahora analizar la cuantía del resarcimiento otorgado, que fue cuestionado por ambas partes.
El perito médico refirió claramente que la golpiza le generó el aumento en un 30% de la incapacidad obrera parcial y permanente.
Es de recordar que ya tenía un 70% por lo cual si bien porcentualmente el incremento no parece numéricamente elevado, lo trascendente es que el evento en estudio lo privó de la poca capacidad laboral que ya tenía.
Esta conclusión podría justificar un incremento sustancial en el resarcimiento otorgado.
Sin embargo no puedo dejar de lado que el señor Rodríguez le dijo al perito psicólogo que continúa trabajando y yendo a la cancha, aunque ahora a platea.
Ello desdice parcialmente al perito médico, cuanto menos en las consecuencias reales de la incapacidad.
A su vez, parece evidente que el actor ha logrado superar sus problemas con la fístula, pues de otro modo no podría haber continuado su diálisis, procedimiento necesario para mantenerse vivo.
De allí que admitiré un leve incremento en el quantum de la indemnización, elevándola a la suma de $ 50.000.
c) Daño moral:
La sentencia otorgó $ 100.000 como resarcimiento por este daño. Ambas partes cuestionan el monto:el actor por exiguo y la citada en garantía por elevado.
Ha sido dicho que la noción de daño moral se halla vinculada con el concepto de desmedro extrapatrimonial o lesión en los sentimientos personales, en las afecciones legítimas o en la tranquilidad anímica, que no son equiparables ni asimilables a las meras molestias, dificultades, inquietudes, o perturbaciones que pueda llegar a provocar un simple incumplimiento contractual, en tanto estas vicisitudes o contrariedades son propias del riesgo de cualquier contingencia negocial (CNCom Sala A, 22.5.1986, “Danisewski Juan c/ Jorge Hitszfelder”; CNCom Sala A, 30.8.1995, “Criado c/ Federación Patronal Coop. de Seguros”; CNCom Sala 30.12.1981, “Coprave S.A. c/ Asociación de Cooperativas Coop. Ltda”; CNCom Sala B, 21.12.1984, “Feldman R. c/ Barraco C.”; CNCom Sala C, 10.11.89, “Lucarelli J. c/Asorte S.A.”; esta Sala, 25.6.1990, “Desup S.R.L c/ Irusta Cornet J.”; esta Sala, 26.2.2008, Áquila, Dora Rosa c/ Banco Itaú Buen Ayre S.A.; CNCom Sala E, 28.8.1985, “Cammarata, R. c/ La Defensa Cía. Arg.de Seguros SA”).
El actor sostuvo al expresar agravios que la injuria padecida justifica un monto más elevado, mientras que el otro recurrente destacó que la ausencia de daño psicológico demuestra también la de daño moral.
En principio son claras las diferencias entre el daño psicológico y el moral.
El primero, como fue dicho, atiende a la afectación de los sentimientos personales o la afectación anímica; mientras que el psicológico se endereza más a una cuestión más patológica.
Así varios Tribunales han tratado en forma diferenciada al daño psicológico del moral, como también lo ha hecho esta Sala (CSJN, 29.6.2004, “Coco, Fabián Alejandro c/ Buenos Aires, Provincia de y otros s/ daños y perjuicios” ; CNCiv Sala B, 19.12.2000, “Altamirano, María Inés c/ Tinelli, Marcelo Hugo s/ daños y perjuicios”; CNCiv Sala B, 30.11.2004, “Noe, Hilda Edith c/ Consorcio de Propietarios Av. Rivadavia 3502/35 s/ daños y perjuicios”, voto mayoritario: CNCiv Sala C, 24.4.1997, “Morra de Luján, Sandra Mabel y otro c/ Instituto de Servicios Sociales para el Personal Ferroviario s/ daños y perjuicios”; CNCiv Sala E, 16.9.1999, “Tangota de Grosso, Graciela Asunción c/ Marconi, Guillermo y otro s/ Responsabilidades profesionales”; CNCiv Sala M, 2.12.1992, “Cataldi, Rafael c/ Pardo, Luís”; CNCom Sala A, 16.12.1992, “Gómez Beatriz c/ Giovannoni, Carlos s/ sumario”; CNCom Sala E, 13.05.1997, “Winograd, Marcos c/ Calviño, Alberto s/ daños y perjuicios”; CNCom Sala E, 29.9.1999, “Pourpour de Navarrete B. N. c/ O.S.D.I.C. s/ sumario”); mientras que otros tantos han coincidido en que ambas injur ias no justifican un resarcimiento autónomo (CNCiv Sala D, 14.5.1997, “Levin, Gregorio c/ M.C.B.A.s/ daños y perjuicios”, mayoría; CNCom Sala B, 16.3.2001, “Casais, Daniel Héctor c/ Banco del Buen Ayre s/ ordinario”; CNCom Sala D, 25.10.1995, “Alegre Humberto c/ Somorrostro, Carlos s/ sumario”; CNCom Sala D, 11.7.2003, “Gómez, Elisa Nilda c/ HSBC La Buenos Aires Seguros S.A. y otro s/ ordinario”).
De allí que la ausencia de daño psíquico no predica necesariamente la inexistencia del moral.
En este punto coincido con la sentencia en cuanto a que por las características del evento (golpiza sorpresiva cuando el actor disfrutaba de un espectáculo deportivo), y las consecuencias que ello tuvo para su salud (complicaciones serias para dializarse) justifican presumir la presencia del alegado daño moral.
Fue sin duda un hecho grave que provocó un profundo desánimo en el señor Rodríguez.
si bien, como ya dije, la violencia es un condimento común (y lamentable) en nuestro futbol, no por ello debe ser considerado un elemento normal.
A partir de tal conclusión y teniendo en cuenta las consecuencias que ello produjo en el actor, entiendo que el monto otorgado justifica alguna elevación aunque no de la significación que pretende la parte actora.
Como fue dicho los problemas de diálisis no pudieron superar de un tiempo relativamente corto. Cuanto menos no se estableció que tales dificultades hubieran permanecido largo tiempo.No obstante, algún testigo señaló que Rodríguez fue trasplantado por segunda vez, lo cual pudo haber generado el abandono de la diálisis.
Pero amén de ello, los dichos del actor reseñados por el perito psicólogo reflejan que si bien el hecho generó una profunda zozobra al actor, pudo superarlo en algún tiempo volviendo a sus tareas habituales y a las canchas de futbol.
De allí que propondré elevar el quantum otorgado por este daño a la suma de $ 150.000.
d) Gastos pasados y futuros:
Sólo el actor cuestiona el monto concedido, pero al igual que lo ocurrido al tiempo de demandar, no brindó detalles de las necesidades que pretendió cubrir con este resarcimiento.
Mencionó la necesidad de transporte, pero no dijo con qué frecuencia necesitaba hacerlo, el trayecto y el tiempo que los mismos fueron o son imprescindibles.
Sumó a ellos gastos de medicamentos sin dar ningún dato que permitiera mensurarlos.
También parece involucrar en este concepto otros ignotos consumos (al incluir la abreviatura etc), pretensión que no puede ser admitida por carecer de toda apoyatura técnica.
Por ello propondré mantener también la indemnización concedida por la sentencia.
e)Intereses:
La tasa autorizada fue recurrida por ambas demandadas.
La sentencia fijó el quantum de la condena “a valores actuales”. Ello impide la aplicación del interés bancario desde la ocurrencia del hecho hasta el efectivo pago.
Ha sido mi criterio como el de esta Sala admitir intereses, en casos como el presente donde los valores han sido fijados a la fecha de la sentencia, los que conforme con la doctrina plenaria fijada por la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil el 16/12/58 in re “Gómez, Esteban c/ Empresa Nacional de Transportes” , deben ser calculados desde el día en que se produjo el perjuicio (esta Sala, 15.12.2006, “Mabromata Daniel José c/ Lloyds Bank LTD SA s/ Sumario”; CNCiv Sala L, 13.5.2009, Álvarez, Fabián Gustavo c/ Falabella, Salvador; LL 2009-D, 167).
Pero, como he dicho, por tratarse de un capitalfijado a valores actuales, será autorizada una tasa del 8% anual, bien que por el período que va desde el dies a quo determinado por la señora Juez (14.11.2009) hasta la fecha de la sentencia de la instancia anterior, que es el momento al que fue determinado el resarcimiento.
Es que resultaría un claro exceso aplicar, en ese lapso, el interés bancario de plaza.
Es sabido que esa tasa está compuesta, en términos generales, por un porcentaje destinado a compensar la depreciación de la moneda y por otro que remunera al Banco por el uso del dinero.
Así, al tratarse de una suma fijada a valores actuales, resulta impertinente aplicar la tasa Banco Nación sin limitación alguna, pues de así hacerlo se estaría compensando doblemente la desvalorización del signo monetario.
Tal reparo pierde justificación, como ya se adelantó, en el período que va desde la fijación del quantum de la indemnización (fecha de la sentencia de primera instancia) hasta el efectivo pago.
Por ello en tal lapso los accesorios correrán a la tasa que cobra el Banco de la Nación Argentina en sus operaciones ordinarias de documentos comerciales a treinta días (conf. CNCom. en pleno, 27/10/94, “S.A. La Razón”), sin capitalizar (conf. CNCom. en pleno, 25/8/03, “Calle Guevara”), hasta el efectivo pago.
VII.En virtud de lo hasta aquí expuesto, propongo al Acuerdo que estamos celebrando, modificar la sentencia en examen e incrementar el resarcimiento por daño físico a la suma de $ 50.000, y el de daño moral a $
También entiendo que debe ser variada la tasa de interés fijada conforme lo expuesto en el punto VI e) de mi voto.
Postulo que las costas de esta instancia sean distribuidas en el orden causado, por mediar vencimientos parciales y mutuos; salvo las referidas al recurso deducido por Club Ferro Carril Oeste Asociación Civil que ha resultado perdidosa en lo sustancial (artículo 68 código procesal).
Así voto.
Los señores Jueces de Cámara, doctores Garibotto y Heredia adhieren al voto que antecede.
Concluida la deliberación los señores Jueces de Cámara acuerdan:
Modificar el pronunciamiento de primera instancia e incrementar la indemnización por daño físico a la suma de $ 50.000, y el del daño moral a la cantidad de $ 150.000. Asimismo, variar la tasa de interés fijada conforme lo expuesto en el punto VI e) del voto.
Distribuir las costas de Alzada en el orden causado, salvo las referidas al recurso interpuesto por Club Ferro Carril Oeste Asociación Civil a quien se le imponen por haber resultado sustancialmente perdidosa.
Diferir la consideración de los honorarios hasta tanto sean regulados los correspondientes a la anterior instancia.
(f) Cúmplase con la comunicación ordenada por la Excma. Corte Suprema de Justicia de la Nación (Ley 26.856 y Acordadas 15/13 y 24/13).
Notifíquese y una vez vencido el plazo del art. 257 del Código Procesal, devuélvase la causa al Juzgado de origen.
Pablo D. Heredia
Gerardo G. Vassallo
Juan R. Garibotto
Julio Federico Passarón
Secretario de Cámara
Cita: MJ-JU-M-103774-AR | MJJ103774 | MJJ103774
RECUPERADO DE:https://aldiaargentina.microjuris.com/2017/07/13/responsabilidad-de-un-club-de-futbol-y-de-la-afa-en-relacion-a-los-danos-sufridos-por-un-espectador-durante-un-encuentro-deportivo/

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