jueves, 15 de junio de 2017

Cosas muebles perdidas. Código Civil y Comercial

Autor: Árraga Penido, Mario O.
Publicado en: LA LEY 15/06/2017, 15/06/2017, 1
Cita Online: AR/DOC/1591/2017
Sumario: I. Concepto de cosa perdida. — II. Diferencias entre cosas perdidas y extraviadas. — III. Diferencias entre cosas muebles perdidas y abandonadas por su dueño. — IV. ¿Quién es el hallador? — V. Capacidad del hallador. — VI. Restitución de la cosa tomada, previo pago de los gastos y de la recompensa. — VII. Deberes del hallador de la cosa mueble. — VIII. Derecho de retención del hallador. — IX. La cosa mueble no registrable perdida transmitida indebidamente por el hallador puede ser reivindicada. — X. Consecuencias del hallazgo y aprehensión de la cosa mueble perdida. — XI. Transmisión del dominio al hallador de la cosa mueble perdida por su dueño. — XII. La cosa mueble perdida no se convierte en res nullius. — XIII. Conclusión.
Abstract: Perdida es la cosa mueble ajena, que tiene algún valor y pertenece a una persona con poder jurídico sobre ella, sabedora que ha salido de su poder de hecho sin su voluntad. El hallador es la persona humana que encuentra y toma la cosa mueble al reputarla perdida ignorando quién es su titular. Su capacidad para adquirir la tenencia o posesión es la de diez años de edad, pero dadas las responsabilidades que asume como depositario a título oneroso y sus posteriores actuaciones, le corresponderá la plena.
I. Concepto de cosa perdida
El derogado Código Civil no conceptuaba la cosa perdida. Tampoco lo hace el Código Civil y Comercial, sin embargo, se infiere de su breve y simplificada normativa. Así, el art. 1955: Hallazgo. El que encuentra una cosa perdida no está obligado a tomarla, pero si lo hace, asume las obligaciones del depositario a título oneroso. Debe restituirla inmediatamente a quien tenga derecho a reclamarla, y si no lo individualiza, debe entregarla a la policía del lugar del hallazgo, quien debe dar intervención al juez. Y el art. 1956: Recompensa y subasta. La restitución de la cosa a quien tiene derecho a reclamarla debe hacerse previo pago de los gastos y de la recompensa. Si se ofrece recompensa, el hallador puede aceptar la ofrecida o reclamar su fijación por el juez. Sin perjuicio de la recompensa, el dueño de la cosa puede liberarse de todo otro reclamo del hallador transmitiéndole su dominio. Transcurridos seis meses sin que se presente quien tiene derecho a reclamarla, la cosa debe venderse en subasta pública. La venta puede anticiparse si la cosa es perecedera o de conservación costosa. Deducidos los gastos y el importe de la recompensa, el remanente pertenece a la ciudad o municipio del lugar en que se halló. Sendos preceptos son reflejo de los arts. 1895 y 1896 del Proyecto de Código Civil de 1998, (en adelante Proyecto de 1998), y concordantes de los arts.1947, inc. i), y 1931, CCyC.
Perdida es la cosa -no bien- mueble (registrable o no) ajena, que tiene algún valor (pecuniario o de otra índole) que pertenece a una persona que cuenta con poder de señorío (art. 1882 CCyC), sobre ella, pero no de hecho. Se da cuando una persona involuntariamente y por las causas que fueren, negligencia, culpabilidad o descuido, deja de poseerla, situación que abarca al que resultó privado de ella por un hecho fortuito, casual o de fuerza mayor, como sería en caso de incendio, inundación, tornado u otro acontecimiento natural climático, que produzca cambios de lugares y dispersión de animales. Se excluyen los tesoros, dado que tienen su propio régimen, art. 1951, y los inmuebles, puesto que no pueden perderse, y además siempre tienen un propietario, que si no lo es un particular, lo será el Estado, dominio privado art. 236, inc. a), nacional, provincial o municipal.
La pérdida tiene que ser total: “una pérdida parcial no supone más que una modificación objetiva del derecho real, que continúa existiendo sobre la parte subsistente de la cosa” (1).
Dentro de las cosas muebles registrables el término perdido no se ajusta exactamente a un automotor, ya que puede saberse por el Registro de la Propiedad Automotor quién es su dueño. Jurisprudencia de larga data ha decidido que el vehículo aparentemente abandonado en la calle, en realidad habría sido robado y como su dueño radicó la denuncia, será llevado por la Municipalidad a su depósito constituyéndose en depositaria necesaria con el deber de avisarle, pues por los registros podía individualizarlo, y al no hacerlo, sólo tendrá derecho a cobrar por el depósito un tiempo prudencial, además de los gastos de acarreo. (2)
II. Diferencias entre cosas perdidas y extraviadas
Las cosas perdidas y extraviadas tienen denominadores comunes -entre otros- cuentan con un titular y -por ende- no son susceptibles de apropiación. No son cosas sin dueño, todo lo contrario, lo tienen y la ley lo autoriza a reivindicar (3). Aparentemente tienen parecido significado -casi una sinonimia-, pero hay diferencia entre la cosa perdida, en que el titular sabe a ciencia cierta que no está más bajo su poder de hecho, por encontrarse privado del corpus, y la extraviada que, no obstante encontrarse bajo su poder jurídico, ignora momentáneamente donde está. No siempre la cosa que no aparece debe considerarse perdida. Por ejemplo, la maleta que no puede encontrarse en el aeropuerto estará extraviada, si por los controles se sabe que no ha salido de sus límites. Por tanto no estará perdida -en principio- y todo dependerá del tiempo que transcurra hasta ser ubicada. Importa la distinción por el tratamiento jurídico según uno u otro caso. Al efecto, el art. 1955, CCyC, menciona como objeto de hallazgo a la cosa perdida, pero no extraviada. Coadyuva a esto último la segura circunstancia de que la cosa aún se encuentra dentro de la esfera de poder del titular.
III. Diferencias entre cosas muebles perdidas y abandonadas por su dueño
La premisa es que la apropiación es una forma especial de adquisición unilateral de la propiedad, y tiene lugar con las cosas muebles no registrables (sin dueño) mediante su aprehensión (art. 1947 CCyC). Las cosas muebles perdidas están bajo el poder jurídico de su titular, aunque no las tenga consigo, por eso no pueden ser apropiables. En cambio las cosas de nadie (res nullius), o las que su dueño voluntariamente y en forma unilateral, abandonó (res derelictæ) tangiblemente (corpus) han dejado de pertenecerle, dada su intención (animus) de no continuar con su posesión y propiedad, con pérdida de la relación real con la cosa, sin necesidad de aceptación de persona alguna (no es recepticia), y que por tanto es consciente que pueden ser objeto de apropiación como consecuencia de haberse operado la extinción absoluta del dominio. Sin perjuicio de que si se arrepiente antes de habérsela apropiado otra persona, pueda readquirirla. El ejemplo clásico de abandono es el periódico descartado por su dueño después de haberlo leído.
La cosa mueble se presume (iuris tantum) perdida -no abandonada- en caso de duda, art. 1947, inc., i), si la cosa es de algún valor, excepto prueba en contrario, en razón de que la intención de renunciar no se presume, art. 948, y por tanto, tampoco se puede conjeturar el abandono, que es una especie de ese género de renuncia. A menos que desaparezca la probabilidad razonable de hallarla, art. 1931, inc. d), reiterado en el art. 1873, incs. d) y e). En definitiva estará perdida la cosa mueble, si ha salido del poder de su titular sin su voluntad. La jurisprudencia en un caso de características singulares consideró que las cosas muebles encontradas, dinero argentino y extranjero y una lámina de oro, no eran perdidas sino abandonadas, y por ello, el hallador adquirió su propiedad sobre ellas por apropiación.
(4) Cuando el ladrón arroja la cosa robada, se configura un caso de abandono voluntario del poseedor animus domini.
IV. ¿Quién es el hallador?
El hallador es la persona humana que encuentra una cosa mueble que racionalmente reputa perdida, ignorando quién es su titular y la examina y recoge asumiendo la calidad de depositario. Ocurre lo mismo, si en zona urbana un animal doméstico, por ejemplo, perro o gato va a parar a una casa ajena, o en zona rural ingresa en predio impropio un ganado mayor -incluso orejano- como caballar, vacuno o de otra especie, o menor, oveja, cabra o cerdo, entre otros, y el propietario del lugar lo guarda hasta su entrega a la autoridad de aplicación. Este ganado invasor -mayor o menor- no es apropiable, y quedará en poder del hallador en calidad de depositario hasta que se produzca el denominado aparte. (5) De todos modos esta problemática la resuelven los códigos rurales. (6)
V. Capacidad del hallador
¿Qué capacidad tiene que tener el hallador de buena fe para que la aprehensión de la cosa mueble con sus efectos sea válida? La capacidad para adquirir una relación de poder sobre una cosa (tenencia o en su caso la posesión) no requiere una voluntad especial; y en principio será suficiente la edad de 10 años, art. 1922, inc. a), CCyC, pero si se pasa a otros estadios fácticos, hará falta una capacidad calificada dentro de otra franja etaria. Será entonces la plena que corresponde a la persona mayor de edad, cumplidos los dieciocho años o emancipada. Ello, dadas las responsabilidades que voluntariamente contrae el hallador como depositario a título oneroso, como su guarda; y deberes, restitución inmediata a quien sepa que tiene derecho a ella o su entrega a la autoridad policial; y derechos, eventualmente exigencia de la recompensa, amén del resarcimiento de los gastos incurridos para la conservación de la cosa, y que a su vez conlleva la posible adquisición de su dominio. En efecto, según la figura empleada, si la transmisión del art. 1956, tercer párrafo, in fine, opera por donación, para aceptarla, art. 1549, se requiere ser capaz.
VI. Restitución de la cosa mueble tomada previo pago de los gastos y de la recompensa
a) ¿A quién hay que entregarle la cosa?
Art. 1956, 1er., párr., CCyC: Recompensa y subasta. La restitución de la cosa a quien tiene derecho a reclamarla debe hacerse previo pago de los gastos y de la recompensa. Si se ofrece recompensa, el hallador puede aceptar la ofrecida o reclamar su fijación por el juez. Sin perjuicio de la recompensa, el dueño de la cosa puede liberarse de todo otro reclamo del hallador transmitiéndole su dominio.
La fórmula: la restitución de la cosa a quien tenga derecho a reclamarla en concordancia con los arts. 1933 y 1940, inc. c), no se circunscribe al dueño, como decía el art. 2532 del derogado Código Civil, pues puede ser que una persona, sin serlo, la haya tenido legítimamente en su poder de hecho con anterioridad, o bien ser titular de otro derecho real. El hallador cumplirá con entregar la cosa a quien tenga prioridad legal.
b) Derecho del hallador a que le reembolsen todos los gastos
El hallador tiene derecho a que le reembolsen los gastos que hizo (necesarios y útiles) debidamente acreditados, con motivo del hallazgo, y entre otros plausibles: de aprehensión de la cosa, ubicar a su titular, de traslado para su entrega, y de conservación para mantenerla incólume, arg. art. 1938, CCyC, en favor del titular. Amén de los causídicos que motivaron la intervención judicial, si es que le cupo tramitar. Si no fueren resarcidos habría un enriquecimiento sin causa para dicho titular. Tiene también derecho a la recompensa ofrecida o fijada prudencialmente por el juez.
c) El hallador no tiene derecho a los frutos que produzca la cosa mueble
Las cosas muebles no son por sí mismas productoras de frutos sino cuando son accesorias de un inmueble, y tratándose de semovientes, el hallador -aún de buena fe- no tiene derecho a ellos, art. 1358, in fine, CCyC y debe restituirlos cuando le sea requerido. Por ejemplo, los frutos naturales como las crías de ganado común, son un desprendimiento de la madre, no son “accesorios de las cosas” (7) al no estar todavía marcadas ni señaladas permaneciendo al pie de la madre o siguiéndola. Se presume, excepto prueba en contrario, que son de propiedad del titular de la marca o señal que porta la madre (8). Ello también por aplicación de lo dispuesto por los códigos rurales (9).
d) Quid de la recompensa para el hallador de la cosa mueble.
El fundamento de exigencia de recompensa para el hallador de la cosa mueble no debería ser visto como un premio a la honradez, pues toda persona íntegra debe hacerlo. Hallar una cosa mueble ajena y regresarla a su titular revela una actitud solidaria de colaboración social, que no debería confundirse ni estar motivada por intereses materiales. La jurisprudencia desde antiguo ha sido vacilante en cuanto al monto o porcentaje de la recompensa. Tratándose de títulos valores, art. 1815, CCyC, en algunos casos se estableció como equitativo el diez por ciento del monto de la letra hallada y entregada a su propietario, (10) o retribución del dos por ciento del valor del cheque al portador hallado con su talón adherido (11) estableciéndose una recompensa de $ 5.000 sobre un cheque “no negociable” de $ 80.000 (12). O bien, “para fijar el monto de la recompensa que corresponde al hallador no se ha de tomar exclusivamente el valor de la cosa hallada, sino que debe apreciarse la totalidad de las circunstancias relevantes que el caso ofrece” (13). El espíritu de la ley es “estimular a quien encuentra la cosa a devolverla a su dueño” (14). Corresponde un resarcimiento a modo de recompensa por los cuidados dados a la cosa mueble, teniendo en cuenta el beneficio que le ha reportado a su titular su pronta devolución. Empero “la conducta del hallador que para garantizar su derecho a la recompensa recurre a la intermediación de un escribano, en lugar de restituir la cosa perdida directa e inmediatamente a su dueño, pudiendo hacerlo, configura un acto puramente especulativo, legítimo como esperanza jurídicamente tutelada, pero contrario a los móviles éticos que inspira la institución”. En efecto, siendo los objetos encontrados: credenciales, cédula de identidad, licencia de conductor, carnet de dos clubes, certificados bancarios nominativos intransferibles, tarjetas de créditos y manojos de llaves, que carecen per se de valor patrimonial, se ha reducido la recompensa de Australes 6.800.000.- a Australes 200.000.- (15) Con mayor rigorismo se ha resuelto que no le corresponde recompensa alguna a quien encontró un cheque para depositar en determinada cuenta, ya que, sobre su propiedad no cabía duda alguna, y que para peor fue entregado a la autoridad policial en lugar de haberlo hecho directamente a su dueño, que era conocido, habiendo guardado silencio con posterioridad a la aprehensión (16).
No lo establece el art. 1956, CCyC, pero no podrá haber recompensa alguna a favor del hallador, si encontró la cosa mueble durante su desempeño en un lugar público o privado en que presta tareas laborales. Puede ser en un medio de transporte, un edificio de la administración pública -entre otros- hospitales, museos y tribunales. Tampoco tendrá derechos de hallador quien esté a cargo de la seguridad en general: bancos, supermercados, iglesias, templos religiosos, escuelas, centros deportivos, culturales, sociales, establecimientos comerciales o industriales u otras actividades privadas remuneradas, por ejemplo, encargado de un edificio sujeto al régimen del derecho real de propiedad horizontal, arts. 1888 y 2037, CCyC, abarcando a los conjuntos inmobiliarios, art. 2073, o una empleada doméstica que halla dinero en la casa donde presta servicios.
VII. Deberes del hallador de la cosa mueble
El hallador de la cosa, art. 1955, CCyC: debe restituirla inmediatamente -sin dilación de tiempo- y si no lo hace y la toma para sí asume las obligaciones del depositario a título oneroso del art. 1358, 1er. párr.: El depositario debe poner en la guarda de la cosa la diligencia que usa para sus cosas o la que corresponda a su profesión. La restitución de la “misma e idéntica cosa” mueble encontrada tiene raíz extracontractual. A su vez (17) deberá individualizar a la persona humana o jurídica que tenga derecho a reclamarla; y si no lo logra, debe colaborar entregándola a la policía del lugar del hallazgo. Como efecto de su condición de tenedor desinteresado, impedido de utilizarla o servirse de ella en su provecho, asume los deberes de custodia y de su conservación hasta su entrega al interesado. Sin que por ello deba contratar un seguro para preservarla.
Si la persona que encuentra la cosa no la toma no tiene ninguna consecuencia jurídica, pues no está obligado a hacerlo.
VIII. Derecho de retención del hallador
Como se adelantó, el hallador puede retener la cosa como lo acuerdan los arts. 2587 y 2588, CCyC, hasta que le reembolsen los gastos incurridos debidamente acreditados, además de la recompensa anunciada o fijada por el juez. Ello en forma previa a su restitución, art. 1956, 3er. párr. parte inicial. Ergo, estará ejerciendo el derecho de retención por imperio legal, siempre y cuando la previa exigencia del reintegro no sea de desembolsos insignificantes o inconducentes.
IX. La cosa mueble no registrable perdida transmitida indebidamente por el hallador puede ser reivindicada
Puede suceder que el hallador en lugar de hacer ipso facto e ipso iure las previas tramitaciones conducentes para averiguar quién es el titular de la cosa mueble -en este caso- no registrable perdida a fin de entregársela, disponga de ella indebidamente (subvirtiendo el título de tenedor a poseedor animus domini) como si fuera propia y la enajene a non domino. Al ser perdida la cosa mueble no registrable transferida, permanecerá siempre con esa mácula, y el tercero no quedará cubierto legalmente no obstante ser de buena fe y su adquisición a título oneroso, art. 1895, CCyC, y su dueño la podrá reivindicar.
X. Consecuencias del hallazgo y aprehensión dela cosa mueble perdida
a) Procedimiento
Art. 1955, CCyC: Hallazgo. El que encuentra una cosa perdida no está obligado a tomarla, pero si lo hace, asume las obligaciones del depositario a título oneroso. Debe restituirla inmediatamente a quien tenga derecho a reclamarla, y si no lo individualiza, debe entregarla a la policía del lugar del hallazgo, quien debe dar intervención al juez.
El procedimiento reglado en este precepto, y que el hallador tiene que seguir a ultranza, para su mejor análisis se puede dividir en dos etapas.
b) Primera etapa, entrega directa de la cosa mueble
En esta primera fase, si el hallador (siempre persona humana) ha decidido -pues es facultativo- voluntariamente tomar la cosa mueble perdida y “conoce o hubiese podido conocer” como decía el art. 2532, del derogado Código Civil, quien es su titular jurídico, debe entregársela -obligación de dar- en forma directa e inmediata. Todo conduce a lograr ubicarlo, sobre todo si no la encontró en un lugar público (art. 1955, parte inicial, CCyC, es previsor al no precisarlo), sino en un sitio en donde habitualmente se reúne gente que interrelaciona, por ejemplo, recinto religioso, universidad, centro cultural, social o deportivo. Si bien la ley no impone al hallador indicar dónde la encontró, cabría invertir el onus probandi aplicándole subsidiariamente las reglas de carga de la prueba dinámica, art. 1735, para que detalle los pormenores del hallazgo si fuere un hecho incierto. Habrá tenido que averiguar por cualquier medio (una suerte de diligencia normal de un buen padre de familia) a quién le pertenece; no otra cosa significa la frase imperativa del art. 1955, si no lo individualiza. Para ello, se ha citado el ejemplo de búsqueda en las bases públicas en Internet para conocer de quién es la cosa perdida, (18) por ejemplo, una suma de dinero encontrada en la vía pública.
En el derogado Código Civil las cosas perdidas (arts. 2530-2536) no eran susceptibles de apropiación -igual que en el nuevo código-, en razón de que tenían dueño y su aprehensión implicaba una mera tenencia como su depositario (art. 2531, Cód. Civil). Si el hallador la tomaba para sí, trasgrediendo la ley, la suya era una posesión de mala fe viciosa, puesto que era -y es- siempre ajena, y sin custodia actual, por eso Vélez calificaba de hurto el acto de no devolverla (art. 2539).
De acuerdo al art. 1955, in fine, CCyC, si el hallador no logra ubicar per se a su titular, debe entregarla a la policía la que, sin solución de continuidad comunicará al juez. En el derogado Código Civil (art. 2534) podía entregarla al juez o a la policía, opción que se aprecia más práctica. Se ha sostenido que si bien se señala que debe entregarla a la policía, que expedirá la constancia correspondiente, no existe ningún impedimento para que se presente directamente ante el juzgado a fin de iniciar la causa por hallazgo (19). Esas maneras de actuar incidirán en las consideraciones a tener en cuenta por el juez para el reintegro de los gastos hechos; y la cuantía de la recompensa sí tiene que determinarla, ya que la ley no establece pauta ni monto alguno.
c) Segunda etapa, subasta pública judicial
La segunda etapa se activa sin la presencia del titular de la cosa mueble, si (inicialmente) no apareció y se abre con la intervención del juez, pues transcurridos seis meses sin que se presente quien tiene derecho a reclamarla, la cosa debe venderse en subasta pública. La venta puede anticiparse si la cosa es perecedera o de conservación costosa. Deducidos los gastos y el importe de la recompensa, el remanente pertenece a la ciudad o municipio del lugar en que se halló (art. 1956, 2do. párr. CCyC).
i. ¿Desde cuándo se computan los seis meses del art. 1956, 2do. párrafo, CCyC?
No surge del Cod. Civ. y Com., pero se deduce que los seis meses que tiene que aguardar el juez a fin de brindarle oportunidad al titular de la cosa mueble para que se presente correrán a partir de la fecha de publicación del último edicto o anuncio en el periódico designado. En su caso, si no se presenta o lo hace sin justificar su titularidad -prueba a su cargo- se ordenará la subasta. En el Cód. Civ. y Com. los avisos ya no los hace alternativamente el juzgado o la policía, como lo regulaba el derogado Código Civil (art. 2534), sino solamente el juzgado.
ii. Tramitaciones en el juzgado.
Nada se prevé acerca de las tramitaciones (de oficio) a seguir por el juzgado (20) para que el titular se entere de algún modo del hallazgo de la cosa mueble, y en donde ésta se encuentra, quedando ello a cargo del juez de la jurisdicción del lugar en que se encontró. Por ejemplo, ordenará publicar edictos judiciales o avisos en periódicos lugareños según la envergadura de esa cosa mueble y en atención a si es registrable o no. Ello acorde con lo que regle el Código de Procedimientos Civil y Comercial local y aunque no sea específico para el caso (21).
iii. Anticipo de la subasta.
Se desprende del copiado art. 1956, 2do. párr., CCyC, que la cosa mueble perdida tiene que ser susceptible de subastar no lo será el dinero. Asimismo, se justifica que si el objeto pudiera deteriorarse y hasta perecer, ya sea por su conformación o por el transcurso del tiempo; o fuere dificultosa o dispendiosa su conservación -en proporción a su valor- la venta en subasta pública podrá efectuarse antes de los seis meses, con entrega de la cosa mueble al adquirente.
iv. Plazo de gracia para el titular de la cosa mueble perdida.
No obstante haber transcurrido el plazo de seis meses (o el que resulte de la mentada anticipación), si el interesado se presenta -siempre antes de la subasta- y acredita ser quien tenga derecho a reclamarla (nótese que a esta frase los arts. 1955 y 1956 la emplean tres veces) que puede ser el titular del derecho real sobre la cosa, por ejemplo, dueño, condómino, anticresista o prendario, o bien el poseedor legítimo, tendrá derecho a su restitución abonando la recompensa -si correspondiere- y los consiguientes gastos habidos, más los incrementados por los causídicos de los anuncios y de organización del remate, por ejemplo, alquiler de un local al efecto, falsa comisión del martillero u otro gasto generado.
v. El adquirente en la subasta judicial de la cosa mueble perdida obtiene un dominio perfecto.
Perfeccionada la subasta judicial, el adquirente (en aras de la seguridad jurídica) tendrá un dominio perfecto, art. 1941, CCyC, sobre la cosa mueble subastada, sin posibilidad de rescate por parte de su titular, a la manera del art. 2537 del derogado Código Civil, sin que le quepa derecho alguno (22). El adquirente obtiene un derecho sobre su cosa mueble libre de toda carga, puesto que, al estar el Estado de por medio, las seguridades son mayores al intervenir la justicia con control del proceso y remate. Guarda una estrecha vinculación con la teoría de la apariencia, generando confianza en el comprador la existencia de una puja libre y genuina que afiance un precio de mercado y dé garantías de otorgamiento de la propiedad, libre de todo gravamen (23) al ser la subasta judicial (24). El comprador tiene un título perfecto que sanea cualquier vicio o defecto antevente si en la subasta ha intervenido un martillero y fue aprobada por el juez, (25) sin que se le pueda exigir de evicción (26).
vi. Saldo del remate
El dinero remanente -si lo hubiere- del remate de la cosa mueble, una vez deducidos todos los gastos habidos, y la recompensa, le pertenece a la ciudad o municipio del lugar en que se halló, no en que se subastó.
vii. Competencia judicial
La competencia en orden a la intervención judicial y sustanciación de la subasta, le corresponde al juez civil o de paz del lugar en que se encontró la cosa mueble perdida, ello en virtud de que el Cód. Civ. y Com., en el art. 1955, in fine, y art. 1956, hacen referencia al juez a secas. En la justicia ordinaria de la Capital Federal, que está dividida en civil, por un lado, y comercial por el otro, le corresponderá al fuero civil.
XI. Transmisión del dominio al hallador de la cosa mueble perdida por su dueño
El art. 1956, 3er. párr., in fine, CCyC, copia del art. 1896, del Proyecto de 1998, propone una solución de transmisión del dominio de la cosa mueble perdida, si su dueño ya carece de interés por ella, o no quiere, o no puede pagar, los gastos al hallador. Se infiere que la aludida transferencia patrimonial al hallador es a título gratuito, y tradición mediante, como consecuencia de todo negocio jurídico entre vivos. Pero siempre está subordinada a la aceptación de este último -expresa o tácita-. Si el hallador no quiere convertirse en propietario de la cosa, no puede ser obligado, y la misma deberá ser subastada. En efecto, así como dispone el art. 1128 que nadie está obligado a vender, tampoco el hallador puede verse obligado a adquirir. De aceptarlo, conservará, asimismo, un crédito contra su dueño por el premio ofrecido o fijado según sentencia, ello buscando la ratio legis del art. 1956, 3er. párrafo, in fine, que si bien posibilita el acuerdo, también expresa sin perjuicio de la recompensa. Se colige que el propietario difícilmente se desprenda de la cosa mueble si encima tendrá que pagar dicha recompensa, cuestión relacionada con la ecuación costo-beneficio. El art. 2533 del derogado Código Civil, utilizaba la expresión: “el propietario de la cosa puede exonerarse de todo reclamo cediéndola al que la halló”. En el Cód. Civ. y Com., el citado art. 1956, 3er., párr., in fine es más amplio, al utilizar el verbo transmitir que comprende al de ceder u otra figura, y preciso con la mutación dominial. Esa transmisión no resultará posible si el objeto hallado fuere algún tipo de título valor, por ejemplo, un cheque (de vida útil breve) cruzado pagadero a una persona determinada y extendido no a la orden, o con la leyenda no negociable, en que únicamente lo podrá percibir el beneficiario. En definitiva, el dueño de la cosa mueble perdida puede desprenderse gratuitamente de su dominio en favor del hallador, si éste lo acepta. Tal transmisión conlleva quedar exonerado el transmitente del pago de todo tipo de gastos, pero no de la recompensa. Cesará el derecho de retención del hallador al convertirse la cosa retenida en propia. Pero a la inversa, si el hallador no acepta tal transmisión, continúa como retenedor-depositario de la cosa hasta que cobre los gastos y la recompensa. El reclamo de sendos rubros: gastos y recompensa, prescribe a los cinco años, art. 2560, Cód. Civ. y Com.
XII. La cosa mueble perdida no se convierte enres nullius
Al no convertirse la cosa perdida en res nullius, no es posible la adquisición de su dominio por apropiación. No carece de un poseedor animus domini o de un titular de un derecho de propiedad u otro derecho real. Hasta el ladrón que perdió la cosa robada tiene una pretensión de entrega, (27) pues si la recupera puede usucapirla, art. 1899, 1er. párr., CCyC.: prescripción adquisitiva larga. Si no existe justo título o buena fe, el plazo es de veinte años. A menos que ese hallador-pretensor de mala fe de la usucapión fuese autor, partícipe, coautor, cómplice o encubridor del acto ilícito, en cuyo caso el plazo principiará a contarse desde la extinción de su responsabilidad penal y civil. Debiendo computarse el inicio de la posesión con fines usucaptivos una vez satisfecha la pena por el ilícito, o transcurrida su prescripción. (28)
XIII. Conclusión
Perdida es la cosa mueble (registrable o no) ajena, que tiene algún valor y pertenece a una persona con poder jurídico sobre ella, sabedora que ha salido de su poder de hecho sin su voluntad. El hallador es la persona humana que encuentra y toma la cosa mueble al reputarla perdida ignorando quién es su titular. Su capacidad para adquirir la tenencia o posesión es la de diez años de edad, pero dadas las responsabilidades que asume como depositario a título oneroso y sus posteriores actuaciones, le corresponderá la plena. El fundamento de exigencia de recompensa no debería ser visto como un premio a la honradez. Como efecto de actos solidarios y de su condición de tenedor desinteresado de la cosa mueble, está impedido de utilizarla o servirse de ella en su provecho, asumiendo los deberes de custodia y de su conservación hasta su entrega al interesado. Si la persona que la encuentra no la toma, no tiene ninguna consecuencia jurídica, pues no está obligado a hacerlo. Y si en lugar de hacer las tramitaciones para averiguar quién es el titular de la cosa mueble no registrable perdida a fin de entregársela, dispone de ella indebidamente como si fuera propia y la enajena a non domino, el tercero no quedará cubierto legalmente, art. 1895, no obstante ser de buena fe y su adquisición a título oneroso, puesto que al ser perdida permanecerá siempre con esa mácula.
La fórmula de restitución de la cosa a quien tenga derecho a reclamarla no se circunscribe al dueño, pues puede ser una persona que sin revestir tal caracter, la haya tenido legítimamente en su poder de hecho con anterioridad, o bien ser titular de otro derecho real. El hallador cumplirá con entregar la cosa a quien tenga prioridad legal.
El procedimiento del art. 1955, CCyC, abarca una primera etapa en que si el hallador conoce de quién es la cosa debe entregársela. Si no lo ubica debe ir a la policía, la que deberá comunicar en el acto al juez civil. La segunda, si no apareció el titular se abre con la intervención del juez, que en su caso ordenará la subasta. Perfeccionada ésta el adquirente de buena fe tendrá un dominio perfecto. El dueño de la cosa mueble perdida puede desprenderse de su dominio a favor del hallador si éste lo acepta. Tal transmisión (gratuita) conlleva quedar exonerado el que la transmite del pago de todo tipo de gastos, pero no de la recompensa.
(1) DÍEZ-PICAZO, Luis – GULLÓN, Antonio, “Sistema de Derecho Civil”, Tecnos, Madrid, 1998, vol. III, sexta edición, p. 76.
(2) CNPaz, sala III, nov.3-960, JA 961-II-233.
(3) SALVAT, Raymundo M., “Tratado de derecho civil argentino. Derechos Reales”, Tipográfica Editora Argentina, Bs. As. 1962-II, núm. 733, Act. por ARGAÑARÁS, Manuel J., p. 122.
(4) CNCiv. sala E, “Devoli, Cayetano” , oct. 21/1977. Expte. 216.159, LA LEY, 1977-D, 531, con comentario de Guillermo L ALLENDE: “Nota a un hecho insólito”.
(5) TABORDA CARO, María S, “Derecho agrario”, Plus Ultra, Bs. As. 1979, p. 301. El aparte es “La obligación de dar rodeo en ciertos tiempos prefijados, y en otros ordenados por el juez a pedido de parte, la finalidad perseguida es el apartar los animales de los diversos dueños”.
(6) El Código Rural de la Provincia de Buenos Aires, art. 170, dispone: “Todo hacendado o quien lo sustituya, tiene la obligación, cuando fuere requerido, de dar rodeo, mediando pérdida o extravío de animales”. Art. 162: “El propietario u ocupante a cualquier título de un predio, que encontrare dentro del mismo animales ajenos, podrá encerrarlos, dando aviso inmediato al propietario de la marca o señal que llevare si fuera conocido y a la autoridad policial”, por su parte, el art. 163: “La autoridad policial notificará también al dueño de los animales para que proceda a retirarlos dentro del plazo que le señalare”; el art. 164: (y si) “el propietario de los animales no fuese conocido, la autoridad policial procurará individualizarlo en el término de 15 días, valiéndose de todos los medios de difusión a su alcance”. El art. 165: (si) “el propietario conocido no los retirase en el plazo a que se refiere el art. 163, y si nadie se presentase a reclamarlos en el caso del artículo anterior, la autoridad policial pondrá los animales a disposición del Juzgado que corresponda para que dentro del término de 30 días ordene su venta en remate público y haga entrega del pertinente certificado al comprador”. “Del monto obtenido dispondrá el pago de lo que se adeude en concepto de alimentación, cuidado de los animales y gastos de remate. El resto quedará en depósito judicial por el término de un año para su entrega a quien lo reclamase acreditando su derecho; en caso negativo, ingresará a rentas generales de la municipalidad local”. Cotejando el texto del Código Rural de la Provincia de Buenos Aires con el art. 1956, CCyC, se observa una concordancia parcial. Por tanto, habría que ajustarlo a la ley de fondo en orden a la recompensa, plazo de gracia para el titular del ganado y demás detalles, respetando las modalidades, usos y costumbres propias de cada provincia.
(7) Nota al art. 2329 del derogado Código Civil.
(8) BREBBIA, Fernando P, – MALANOS, Nancy L, “Derecho agrario”, Astrea, Bs. As. 1997, p. 322.
(9) Código Rural de la Provincia de Entre Ríos, art. 194, en favor de los propietarios de caballos o toros de razas especiales.
(10) CNCiv., sala E, septiembre 4-974, “Joaquín, Eduardo C”, LA LEY, 1975-A, 796, 32.214-S.
(11) CNEsp. Civ. y Com., sala VI, dic. 1-1980, “Ventura, Alberto E. C. Pascual Hnos. y Cía. S.A”. LA LEY, 1981-A, 442, Nº 79379.
(12) CNCiv., sala E, “Canova Dragón, Oscar César c/ Stadium Luna Park Pace y Lectoure S.R.L. s/ cobro de pesos”, Expte. 205.271, julio 6-976. LA LEY, 1976-D, 137, Nº 73462
(13) CNCiv., sala J, 2004/10/26, “Melendi, Miguel A. c. Maco Transportadora de Caudales S.A.”, DJ, 2005-1,144.
(14) ROTMAN, Rodolfo, B, en su comentario al fallo, CNCiv., sala D, septiembre 12-978, “Chaperon, Ernesto M, c. Santurce S.A.”, LA LEY, 1979-A, 173, Nº 76761.
(15) C 1ª CC, Bahía Blanca, sala I, noviembre 21-990, “Such. Emiliano c. Gentili, Elio”, LA LEY, 1991-C-102.
(16) CNCiv., sala C, febrero 9-976, “Vonsydow Dankert, Guillermo E. c. Facultad de Medicina de la Ciudad de Buenos Aires, LA LEY ,1976-B-383.
(17) PEÑA GUZMÁN, Luis A, “Derecho civil. Derechos reales”, Tipográfica Editora Argentina, Bs. As. 1975-II, núm.518, p.122. Quien hallare un bien perdido y conociera quien es su dueño se crea a cargo del hallador un deber de cumplir.
(18) COSSARI, Nelson, G.A en “Código Civil y Comercial comentado”, de ALTERINI, Jorge H. (Dir.), COSSARI, N.G.A, (Dir. del t. IX), ALTERINI, Ignacio E. (Coord.), LA LEY, Bs. As., 2016, com. al art. 1955, p. 405.
(19) MALICIA, Roberto, en “Código Civil y Comercial de la Nación comentado”, de Julio César RIVERA -Graciela MEDINA (Dir.), Mariano ESPER, (Coord.), La Ley, Bs. As., 1ra edición, 2da reimpr., 2015, com. al art. 1955, t. V, p. 365.
(20) KIPER, Claudio en “Código Civil y Comercial de la Nación comentado”, Ricardo Luis LORENZETTI, (Dir.), Rubinzal Culzoni, Bs. As., 2015, com. al art. 1955, t. IX, p. 244.
(21) Así, el art. 325 del Código de Procedimientos Civil y Comercial de la Provincia de Buenos Aires, para “la exhibición o presentación de cosas o instrumentos se hará en el tiempo, modo y lugar que determine el juez, atendiendo a las circunstancias”, y el Código de Procedimientos Civil y Comercial de la Provincia de Mendoza, art. 128, “podrá disponerse, a pedido de quien los tiene en su poder, el depósito de bienes muebles o semovientes, cuando las leyes lo autoricen o lo disponga el tribunal por las circunstancias especiales del caso. El depósito se ajustará en lo pertinente, a lo dispuesto por el segundo apartado del art. 118, debiendo dejarse constancia de las cosas que se depositan, de su calidad y estado y se hará conocer a los interesados que denunciare el solicitante”.
(22) HIGHTON, Elena L., “Dominio y usucapión”, Hammurabi, Bs. As. 1983, segunda parte, párr.. 294, ps. 27-28.
(23) CAZEAUX, Pedro N, y otros, “Subasta judicial”, LA LEY, 1994-E, 1240.
(24) TRIGO REPRESAS, Félix A, Relatividad de los contratos y oponibilidad a terceros, en Estudios en Homenaje al Dr. Guillermo Borda, La Ley, Bs. As. 1984, p. 347. Los adquirentes en subasta pública tienen derecho a recibir la cosa libre de gravámenes contraídos en fecha anterior, FALCÓN, Enrique M, Procesos de ejecución. Juicio ejecutivo, Rubinzal-Culzoni, Bs. As. 1998-I, vol. B, p. 172.
(25) La subasta es una adquisición originaria ex lege, donde el comprador queda liberado de todo gravamen y sobreseimiento del juicio, desde el instante que quedó perfeccionada y aprobada por el juez.
(26) No hay obligación de evicción, dado que no hay un contrato y menos de compraventa. Tampoco hay responsabilidad cuando el adquirente conocía o debía conocer el vicio en razón de su actividad, art. 2170, del viejo Cód. Civil, y arts. 1045 y 1053, inc. a), CCyC. Por otra parte, el art. 1040, inc. d), dice que el acreedor no tiene responsabilidad por evicción si la adquisición resulta de una subasta judicial o administrativa.
(27) ENNECCERUS, Ludwig – KIPP, Theodor – WOLFF, Martin, “Tratado de Derecho Civil-Derecho de cosas”, 8ª revisión, trad. de Blas Pérez González y José ALGUER, t. III, vol. 1°, Bosch, Barcelona, 1936, párr.. 82, ps. 488-490.
(28) ÁRRAGA PENIDO, Mario O. “Prescripción adquisitiva de cosa mueble ‘propia'”, LA LEY, 2015-B, 563.
recuperado de:http://thomsonreuterslatam.com/2017/06/cosas-muebles-perdidas-codigo-civil-y-comercial/
    

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