sábado, 2 de marzo de 2013

DOCTRINA

El bystander en el proyecto de reforma del Código Civil y Comercial Invitado a una decapitación Por Fernando Shina [1] 1. Introducción.- (A) En el año 1935 fue publicada en su idioma original (el ruso) Invitation to a beheading, la novela del magistral escritor (también ruso) Vladimir Nabokov. En 1959, la obra fue traducida al inglés por Dimitri Nabokov bajo la estricta supervisión de su padre, quien para entonces ya estaba radicado en Estados Unidos, ya había publicado Lolita con notable éxito de crítica y taquilla, y de a poco iba recobrando en Norteamérica la fortuna que había perdido durante la revolución bolchevique.- Invitado a una decapitación cuenta los infortunios de Cincinnatus, un inverisímil ciudadano de un país imaginario que es condenado a muerte por imprecisos disturbios en su personalidad. Pero su condena no establece el día en que tendrá lugar la horrible ejecución, forzando al exótico personaje a una vigilia sin interrupción. La creación de esta atmósfera tan angustiosa hizo que los comentaristas literarios vieran en Invitación…, la obra más Kafkiana de Nabokov. Pero el ruso, que se sabía el mejor escritor con vida de su época, y no hacía ningún esfuerzo por disimularlo, rechazaba cualquier comparación con el checo, y decía que ni siquiera había leído un cuento breve Kafka.- La personalidad de Nabokov tenía características tan acentuadas como su incomparable escritura, y quizás eso explique parcialmente porqué sólo aceptaba ser comparado con otros titanes rusos como Tolstoi y Gogol. Pero es mejor deleitarse con alguna de sus veinte o más novelas inolvidables, antes que tratar de descifrar la compleja psiquis de este genio sin igual.- Ya consagrado en la literatura, y en el negocio editorial, Nabokov se retira junto Vera, su mujer, a Suiza donde muere en el año 1977. No hay crítico literario que no distinga a Vladimir Nabokov como uno de los escritores más sobresalientes del siglo pasado. En mi opinión, fue el mejor de todos. Y lo sigue siendo.- En un pasaje de la novela se lee: Just like a man grieving because he has recently lost in his dreams something that he had never had in reality, or hoping that tomorrow he would dream that he found it again….”[2](Vive apenado, como quien durante un sueño reciente ha perdido algo que nunca tuvo; esperando que, quizás mañana, en otro sueño, lo vuelva a encontrar…).- (B) Cuando preparaba la redacción de este artículo pensaba en Nabokov. Y debo decir que cuando estamos a punto de escribir un ensayo pensar en V.N. es una de las peores cosas que nos pueden pasar, porque la involuntaria voluntad de repetir su impronta, junto con la inevitable frustración que cualquier imitación ‘nobokoviana’ suscita, es la mejor manera de evitar la intentona literaria. Y quizás ese sea otro aporte de Nabokov a la literatura actual: impedir que se siga escribiendo tan mal, o al menos lograr una forma de pudor que frene algunas publicaciones olvidables.- No obstante, me animo a hacer estas reflexiones con la persistente voluntad que tengo de unir la ficción con la realidad, y la buena literatura con el ensayo jurídico no tan bueno.- También admito que lo hago con la intención de evitar que la reforma reforme lo que pretende reformar. Estoy convencido de que los cambios propuestos van a empeorar las relaciones de consumo en mi país, y siento casi el deber cívico de resistirme a esa decadencia tan previsible como evitable.- (C) Perder lo que no se tuvo es como recordar lo que nunca ocurrió. Y algo muy parecido a la tragedia padecida por Cincinnatus le va a pasar al Derecho del Consumidor cuando –finalmente - la proyectada reforma se convierte en ley.- ¿Serán escuchados a tiempo estos pedidos finales de clemencia? El artículo 1° de la ley 24.240, reformado por la ley 26.361, y que trajo a nuestro ordenamiento jurídico la figura sajona conocida como bystander, o tercero expuesto a un relación de consumo, es el próximo invitado a la decapitación de derechos que se propone hacer la reforma del Código Civil.- Al igual que Cincinnatus, aguardamos el momento en el que la guillotina reformista descabece otro de los derechos que la ley 26.361 les había otorgado a los usuarios y consumidores de la Argentina. Y fue tan breve la vida del bystander criollo, y tan restringida su aplicación en los tribunales que a veces pienso que probablemente haya sido un sueño breve, como todas las innovaciones propuestas en la ley 26.361, y que lograron poner a nuestro país en una vanguardia que luego de la reforma vamos a perder, irrevocablemente. Tampoco sabemos cuándo vamos a recuperar lo que todavía no hemos perdido, y ya estamos añorando.- Desde su aparición el bystander vernáculo fue víctima de críticas feroces, y nunca dejó de estar en la mira de las poderosas corporaciones, especialmente de los seguros, que siempre sospecharon que su aparición era una amenaza real a sus mejores sueños corporativos. Y ciertamente lo era. Y por ese motivo en poco tiempo asistiremos, como invitados, a su decapitación.- 2. La norma que viene y la norma que se va El consumidor en el Proyecto “Artículo 1º.- Objeto. Consumidor. Equiparación. La presente ley tiene por objeto la defensa del consumidor o usuario. Se considera consumidor a la persona física o jurídica que adquiere o utiliza, en forma gratuita u onerosa, bienes o servicios como destinatario final, en beneficio propio o de su grupo familiar o social. Queda equiparado al consumidor quien, sin ser parte de una relación de consumo como consecuencia o en ocasión de ella, adquiere o utiliza bienes o servicios, en forma gratuita u onerosa, como destinatario final, en beneficio propio o de su grupo familiar o social.” El consumidor en la actualidad Art. 1º - Objeto.Consumidor. Equiparación.La presente ley tiene por objeto la defensa del consumidor o usuario, entendiéndose por tal a toda persona física o jurídica que adquiere o utiliza bienes o servicios en forma gratuita u onerosa como destinatario final, en beneficio propio o de su grupo familiar o social. Queda comprendida la adquisición de derechos en tiempos compartidos, clubes de campo, cementerios privados y figuras afines. Se considera asimismo consumidor o usuario a quien, sin ser parte de una relación de consumo, como consecuencia o en ocasión de ella adquiere o utiliza bienes o servicios como destinatario final, en beneficio propio o de su grupo familiar o social, y a quien de cualquier manera está expuesto a una relación de consumo.” 3.El Tiempo compartido y clubes de campos y cementerios Previo a meternos de lleno en la problemática del bystander, es preciso hacer un breve comentario sobre esta figura que también será modificada.- La actual redacción del artículo 1° LDC incluye dentro de la relación de consumo aquella que se origina en la adquisición de los llamados ‘tiempos compartidos’ clubes de campo y ‘cementerios privados’. Esas relaciones jurídicas específicas, no fueron previstas en la norma proyectada en la reforma.- Sin embargo, según mi opinión, tal inclusión no era necesaria, pues en la medida de que la relación esté integrada entre un proveedor y un consumidor la relación estará amparada por toda la normativa establecida en la ley 24.240.- En ese sentido, toda cuestión dudosa debe resolverse con armonía con lo establecido por los artículos 2° y 3° LDC. Anoto ambas normas: Art. 2º - PROVEEDOR. Es la persona física o jurídica de naturaleza pública o privada, que desarrolla de manera profesional, aun ocasionalmente, actividades de producción, montaje, creación, construcción, transformación, importación, concesión de marca, distribución y comercialización de bienes y servicios, destinados a consumidores o usuarios. Todo proveedor está obligado al cumplimiento de la presente ley. No están comprendidos en esta ley los servicios de profesionales liberales que requieran para su ejercicio título universitario y matrícula otorgada por colegios profesionales reconocidos oficialmente o autoridad facultada para ello, pero sí la publicidad que se haga de su ofrecimiento. Ante la presentación de denuncias, que no se vincularen con la publicidad de los servicios, presentadas por los usuarios y consumidores, la autoridad de aplicación de esta ley informará al denunciante sobre el ente que controle la respectiva matrícula a los efectos de su tramitación.- Art. 3º - Relación de consumo. Integración normativa. Preeminencia. Relación de consumo es el vínculo jurídico entre el proveedor y el consumidor o usuario. Las disposiciones de esta ley se integran con las normas generales y especiales aplicables a las relaciones de consumo, en particular la Ley N º 25.156 de Defensa de la Competencia y la Ley N º 22.802 de Lealtad Comercial o las que en el futuro las reemplacen. En caso de duda sobre la interpretación de los principios que establece esta ley prevalecerá la más favorable al consumidor. Las relaciones de consumo se rigen por el régimen establecido en esta ley y sus reglamentaciones sin perjuicio de que el proveedor, por la actividad que desarrolle, esté alcanzado asimismo por otra normativa específica.- Es decir, que en la medida que la compra haya sido efectuada a un proveedor en los términos del artículo 2° LDC, la relación de consumo y, por tanto, amparada por los principios protectorios de la mencionada ley.- 4. El bystander o el tercero expuesto a la relación de consumo Indudablemente la gran polémica que esta norma traerá se relaciona con la eliminación del último párrafo del artículo 1°LDC, de la ley 24.240 que también considera consumidor “… a quien de cualquier manera está expuesto a una relación de consumo.”.- Ello significa, desgraciadamente,que se ha derogado la figura del bystander incorporada a nuestro ordenamiento jurídico por imperio de la ley 26.361.La equiparación del ‘tercero expuesto’ y sujeto de derecho legitimado para ejercer una pretensión legal en el marco de una ley protectoria de orden público, fue uno de los grandes logros que habíamos alcanzado en materia de derechos del consumidor. Fue, como dice Rusconi, un verdadero cambio de paradigmas comparable a una revolución normativa. “De este modo nos encontramos por primera vez en nuestro derecho positivo con la figura del bystander, nacida en el derecho anglosajón…, representándose con ese vocablo a todas aquellas personas que, en grado potencial, podrían encontrarse afectadas de alguna forma por las consecuencias de una relación de consumo que les resulta completamente extraña…Este verdadero golpe de timón en los rumbos del sistema legal de tutela produce un quiebre en la óptica desde la cual fueron abordados hasta el presente el estudio y la implementación de los derechos del consumidor, colocándose ahora el interés colectivo por encima del interés individual…”[3] Efectivamente, la aceptación del bystander en nuestra dogmática jurídica significó el cambio de un modelo jurídico agotado por uno nuevo más acorde con nuestros tiempos. Incorporar a la familia de legitimados a todos los integrantes de la sociedad de consumo, sin exigirles otro recaudo que el de ser parte de esa sociedad, fue un paso significativo para superar el interés individual y acercarnos al interés social. “Esta renovada mirada hace que el nuevo derecho del consumidor argentino ejerza su verdadera función de der5echo socializador, ocupándose del sujeto inmerso en la sociedad de consumo, influenciado, condicionado y agraviado por el mercado disminuido –y hasta sometido – en sus libertades; que no negocia ni discute con los proveedores sino que adhiere, asiente o presta conformidad.”[4] Es eso lo que vamos a perder cuando la podadora reformista pase por encima del artículo 1° y le quite estas 11 palabras: quien de cualquier manera está expuesto a una relación de consumo.”.- 5. El bystander y el contrato de seguro Es indudable que el sector más comprometido por la aparición de este sujeto de derecho tan inquietante son las compañías aseguradoras. Para que la cuestión se vea con mayor contundencia y claridad, vale la pena tomar la nota de la explicación que nos da Carlos Ghersi en su reciente artículo que de manera sugerente y sin sutilezas titula. ¿Los derechos de los consumidores o de las empresas?, que “Ha quedado fuera de las relaciones de consumo el expuesto, así por ejemplo, el peatón que es accidentado desde un transporte de pasajeros (público o privado; tren, subte, automotor, etc.), el que cruza una vía del ferrocarril para ir a su casa que está del otro lado, etc.; un verdadero retroceso, totalmente justificado por el lobby de las empresas de transportes y las compañía de seguros.[5] Tiene razón Carlos. Con la penosa redacción del artículo 1° que proyecta la reforma hay un universo de personas que quedará fuera de la protección que la ley 24.240 les otorga. Si bien la reforma proyectada mantiene la figura del tercero ajeno a la relación contractual, al establecer que: “…Queda equiparado al consumidor quien, sin ser parte de una relación de consumo como consecuencia o en ocasión de ella, adquiere o utiliza bienes o servicios…”, establece que el supuesto afectado, para tener la protección de la ley 24.240, debe estar adquiriendo un bien o utilizando un servicio. Es decir, luego de aprobada la reforma ya no habrá protección genérica del consumidor social como integrante de esa sociedad de consumo que de tanto consumir, consumió buena parte de su seguridad.- 6. El irreductible optimismo de Waldo Sobrino Optimista hasta el fin de sus días, el inimitable Waldo Sobrino sostiene que la cuestión que a mí tanto me aflige no es tan grave. Para Waldo el tercero, víctima de un accidente de tránsito, a pesar de la reforma seguirá siendo un consumidor afectado amparado por la ley 24.240.- Esta construcción, a la que adhiero con menos optimismo que su autor pero con repetido fervor y entusiasmo, se basa en que de acuerdo al artículo 68 de la ley 24.449, el seguro obligatorio tiene por finalidad exclusiva proteger a terceros, y esa circunstancia haría que ese tercero beneficiario mantenga esa condición frente a la ley 24.240 y sus principios protectorios. Veamos una cita de este interesante pensamiento de Waldo: “Complementando ello, se debe tener muy presente que el Art. 68 de la Ley 24.449, establece el Seguro de Responsabilidad Civil, de carácter “Obligatorio”, para un solo y exclusivo “beneficiado”: las Víctimas de los Accidentes de tránsito ([6]).Como consecuencia de ello, es que en forma ineluctable, aquel que se encuentra beneficiado por una relación de consumo, es decir, la víctima de un accidente de tránsito, que para ser protegida, se dictó una norma especial para beneficiarlo (v.gr. Art. 68 de la Ley 24.449, que ordena el Seguro Obligatorio de Responsabilidad Civil de Automotores, con la finalidad única y exclusiva de brindar amparo a las Víctimas de Accidentes de Tránsito), no puede dejar de ser considerado como un: Consumidor (de seguros).En efecto, en la mayoría de los países desarrollados del mundo, la finalidad clara, específica y excluyente, es: la protección de la Víctima de un Accidentes de Tránsito.[7]” Ojalá que mi querido amigo vuelva a tener razón en esta ocasión, y que sus ideas prevalezcan sobre las mías como tan frecuentemente ocurre. Pero, sin embargo, mi pesimismo encuentra fundamento en un hecho objetivo. La figura del bystander fue resistida por la doctrina, y escasamente aplicada por una jurisprudencia que se viene mostrando demasiado conservadora para la velocidad que los tiempos actuales exigen. La norma no fue acogida cuando era ley positiva vigente, y no hay motivos para que me ilusione pensando que ahora, que fue eliminado ese párrafo del artículo 1° de la ley 24.240 vaya a renacer de la mano del artículo 68 de la ley 24.449.- Pero no son muchas las alternativas que nos quedan, y será un gusto estrenar y defender en tribunales esta sagaz idea de Sobrino. Y ojalá que muchos otros lo hagan, y así logremos convencer a los jueces que dejar sin amparos a las víctimas de accidentes, por su condición de terceros ajenos a una relación jurídica de consumo es grave. Y es malo. Muy malo.- 7. Las críticas a la actual figura del bystander Es un hecho prácticamente incontrovertible que la decapitación del bystander se debe al incesante lobby de las poderosas compañías de seguros y al de las empresas de transportes.- Veamos algunos de los argumentos utilizados y que nos muestran las preocupaciones que había generado ‘el tercero expuesto a la relación de consumo’.- Volviendo al análisis de las consecuencias de incorporar el concepto de consumidor «bystander» en nuestro sistema, no puede perderse de vista que las empresas de seguros son personas jurídicas creadas con el fin lícito de prestar un servicio, consistente en la asunción de riesgos a cambio del pago de una prima. Resulta entonces en cierto modo contrario a principios constitucionales básicos -tales como el principio de igualdad ante la ley o bien el derecho de propiedad- que deban responder más allá del riesgo asumido al inicio del contrato. Ello así, puesto que las primas son fijadas en la medida de los riesgos cubiertos y, por otra parte, el actuar de las aseguradoras se da en el marco de una póliza aprobada por el propio Estado…Si bien existe una marcada tendencia a la socialización del derecho de daños, ello no puede ir en detrimento de otros actores del sistema, realizando interpretación es de la ley demasiado extensivas que desnaturalicen negocios jurídicos. Es decir, que la aplicación de la ley no debe eximir al juzgador de un cuidadoso análisis de las circunstancias del caso, resolviendo de modo razonable y resguardando por igual los derechos de ambas partes, es decir, tanto del consumidor como del proveedor .Lo contrario implicaría vulnerar garantías constitucionales.[8] Tomo esta cita doctrinaria porque contiene las críticas que desde siempre se le hicieron a la ley 24.240, y particularmente a la figura del bystander. Los subrayados destacan los pilares de este pensamiento.- Los enumero: 1)La figura del bystander incorporada a nuestro ordenamiento jurídico perjudica, principalmente, a las empresas aseguradoras; 2)La figura del bystander es inconstitucional porque pone en peligro derechos constitucionales como los de igualdad y propiedad; 3)La figura del bystander obliga a las aseguradoras a cubrir riesgos que no fueron previstos, y pagados, al inicio de la relación contractual con su cliente.- 4)La redacción actual del artículo 1° LDC, es tan excesiva que desnaturaliza el negocio jurídico del seguro; 5)La eliminación del bystander es necesaria para igualar los derechos de los proveedores con los de los usuarios.- 6)Romper el presupuesto central de la Ley 24.240 que establece la existencia de una parte débil y una parte fuerte en la relación de consumo. Negar la asimetría de origen que existe entre los proveedores de bienes y servicios y los usuarios y consumidores. Impedir cualquier fórmula que busque el equilibrio de estas fuerzas dispares.- 8. La defensa del invitado a una decapitación Son pocas las dudas que tengo respecto a que la figura del bystander resulta peligrosa fundamentalmente para el sector de prestadores de seguros. En una nota muy lúcida Dante Rusconi explica: "La extensión con la que ha sido incorporado el 'tercero consumidor' a la Ley 24.240 posibilita, al menos en el plano teórico, que esta figura comprenda también al tercero damnificado en el seguro de responsabilidad civil. Si el tercero consumidor puede ser todo aquél que de 'cualquier manera' esté expuesto a una relación de consumo, noción que contempla infinidad de inciertos y potenciales legitimados, tal lo visto antes, por qué no considerar que el tercero damnificado, expuesto a la relación de consumo habida entre asegurado y aseguradora , tiene derecho como consumidor y podrá ejercerlo contra la aseguradora del causante del daño. Si un peatón puede ahora demandar al fabricante del vehículo cuyo defecto de fabricación le genera un daño mientras circula por la calle, con quien hasta ese preciso momento no tenía vinculación alguna, por qué no podrá demandar a la compañía aseguradora del embistente. El vínculo en ambos casos es difuso y eventual, el peatón lesionado carece de toda conexión respecto tanto del fabricante del vehículo defectuoso como de la compañía aseguradora del responsable del vehículo generador de accidente y, sin embargo, se encuentra expuesto (de cualquier manera) a ambas acciones de consumo ".[9] Coincido con el autor en los siguientes puntos que remarco por su claridad: (i) El bystander tipifica, como ningún otro instituto de nuestro ordenamiento jurídico, al tercero damnificado en el seguro de responsabilidad. Antes de la ley 26.361, ese sujeto damnificado tenía que demandar al agente dañador, contra quien tenía acción directa, y éste, a su vez debía citar en garantía a su compañía aseguradora. La figura del bystander abre la posibilidad de que pueda interpretarse que la víctima del siniestro accione directamente contra la compañía aseguradora.- (ii) Si el bystander es considerado un consumidor tiene todos los amparos y protecciones que la ley 24.240 le concede a los usuarios y consumidores. Por lo tanto, el damnificado en el seguro de responsabilidad civil, no sólo tendría acción directa contra la compañía de seguros, sino que el reclamo será juzgado utilizando la ley 24.240 que desplaza a la ley 17.418. Es decir, la compañía de seguros pierde dos cuestiones fundamentales; la cuestión de la acción directa, y la aplicación de una ley que en la mayoría de los casos sienta principios que le son adversos a los proveedores de bienes y servicios.- (iii) Es incuestionable que un transeúnte que es lesionado en un siniestro automovilístico, cualquiera sea la mecánica o particularidades del siniestro, reúne las dos condiciones que constituyen al bystander; a saber: a-. En primer lugar, es un tercero ajeno a la relación contractual entre el cliente asegurado y la compañía aseguradora; b.- en segundo término es incuestionable que ese tercero, ajeno al negocio jurídico de base entre asegurador y asegurado, es el tercero expuesto por excelencia a esa relación de consumo; c.- Ergo: el damnificado, por ser un tercero expuesto a una determinada relación de consumo es un consumidor y adquiere para sí todos los amparos previstos en la ley 24.240. Entre otros, la legitimación activa para demandar en forma directa a la compañía aseguradora.- Waldo Sobrino, sin la menor voluntad de disimular su pensamiento, explica esta cuestión con muchos y muy buenos argumentos. También comparto –nuevamente - el criterio que el autor sostiene desde mucho tiempo antes que el resto de la doctrina nacional.- Este argumento, que ahora comparto con el lector, profundiza el pensamiento tangencialmente explicado en el punto 6 de este ensayo. Por eso vale la pena volver sobre otro artículo del autor donde también expone su criterio. Veamos lo que decía Sobrina en el año 2011: Continuando con todo el análisis antes realizado, es que corresponde ahora estudiar si las víctimas de un siniestro pueden ser consideradas como consumidores de seguros…Ello es así dado que cuando el asegurado contrata un seguro de responsabilidad civil lo hace por una cuestión eminentemente práctica y concreta: tiene un riesgo, al cual él está expuesto como victimario; y -como cara y ceca- hay una persona (todavía desconocida -pero real-) que está expuesta al riesgo de ser dañada. Y para esa «exposición al riesgo» es que justamente el asegurado contrata un seguro de responsabilidad civil (v. gr. relación de consumo), para cuando llegue el momento en que esa teórica exposición al riesgo se concrete en un daño real y efectivo a una víctima. Para esas circunstancias específicamente se contrata el seguro de responsabilidad civil…Tanto es así que -en nuestra opinión- para la aseguradora el seguro no es un contrato aleatorio, dado que las tasas de prima se cobran de acuerdo a tablas actuariales muy elaboradas, que establecen con bastante precisión la probabilidad de producción de un siniestro (ergo, daño a las víctimas). Así entonces, ab initio si bien la aseguradora no sabe quien será la víctima, sí conoce la posible cantidad de víctimas (a quienes va a tener que pagar el siniestro), basándose en la ley de los grandes números (9) y el cálculo de probabilidades (10), utilizándose todos los conocimientos derivados de la ciencia actuarial (11). De esta manera, cualquier damnificado cuyo dañador esté amparado por un seguro de responsabilidad civil voluntario (12), desde la misma contratación del seguro, está expuesto a dicha relación de consumo. Por ello, es que la víctima de un siniestro de un seguro de responsabilidad civil de carácter voluntario también es un consumidor de seguros.[10] Hice un resumen de los argumentos presentados para facilitarle las cosas al lector y que pueda ir directo al punto de interés: (i) La razón de ser de un seguro, que además es obligatorio por ley 24.499, no es otra que reparar los daños ocasionados a una eventual víctima; (ii) No es cierto que en las primas no sean previstos los daños causados a las víctimas. Si bien ese cálculo no tiene precisión aritmética absoluta, las estimaciones de probabilidad estadística se acercan bastante a esa precisión. Ello determina que desde el inicio de una relación contractual de seguros la compañía aseguradora no conoce la identidad de las víctimas pero sí la cantidad estadística de esas víctimas en un plazo de tiempo.- (iii) El avance y desarrollo de la técnica actuarial hace que el contrato de seguros sea cada vez en menor medida un contrato aleatorio. El profesional sabe de antemano y con bastante precisión el universo de reparaciones que tendrá que afrontar.- (iv) La víctima de un siniestro, por ser un tercero expuesto a la relación de consumo, y al estar comprendido dentro de la definición de consumidor que da el artículo 1° LDC, tiene acción directa contra las compañías aseguradoras de su agente dañador.- Estas cuestiones fueron las que sacaron de quicio a la corporación de los seguros. Y salieron a hacer lobby. Y, al parecer lograron su cometido. Nuevamente perdió el usuario. Nuevamente se consagra legalmente la impunidad de un sector que parecía invulnerable hasta la sanción de la ley 26.361.- Si bien la redacción actual podía pecar de una amplitud excesiva, al establecer una premisa tan universal (el que de cualquier manera esté expuesto a la relación de consumo), la nueva fórmula propuesta en la reforma resuelve las polémicas de la peor manera; es decir, trasladando –una vez más - al sector más débil todas las consecuencias adversas del rentable y codicioso negocio del seguro.- Está claro que el sector de los proveedores de bienes y servicios pugnan por volver al estado de desigual igualdad postulada en el artículo 1197 CC, cuya vigencia arrastra un siglo y medio de inequidades.- 9.Colofón Desgraciadamente, nos encontramos frente a un severo retroceso en el ámbito de esta nueva rama del derecho. Quizás no resulte exagerado afirmar que desde su nacimiento en el año 1993, este sea el revés más notable y preocupante que ha padecido el Derecho de los Consumidores en la Argentina.- Realmente esperábamos más claridad de este anteproyecto y más respeto por la Ley 26.361 de los derechos del consumidor. Nos encontramos con disposiciones ambiguas, algunas con problemas de redacción y otras francamente que responden a los intereses de las empresas -especialmente compañías de seguros, medicinas prepagas, compañías de transportes, etc. y que son inconstitucionales, especialmente la reparación de daños. Por último, queremos resaltar que el anteproyecto en lo que acabamos de analizar ha perdido sistematicidad, que era lo que poseía como positivo el Código Civil de Vélez Sarsfield (disentir con su contenido) y la reforma del profesor Borda, por lo cual entendemos que este anteproyecto no puede aprobarse a libro cerrado, debe debatirse, especialmente en las universidades públicas y privadas.[11] Es este el primer artículo de mi autoría que será publicado en 2013. Por eso quiero aprovechar la ocasión, y desearle mis mejores augurios de felicidad y prosperidad al hipotético lector que siempre me acompaña.- Cuando escribo me complace pensar en un lector atento y amable que siempre mejora el rumbo oscilante de estas redacciones; sé que muchas de las ideas que propongo carecen de la profundidad que requiere una reflexión para dejar de ser una mera insinuación de la vanidad. Esa circunstancia duplica mi gratitud al paciente lector. Y me compromete en la búsqueda de mejores pensamientos.- [1] Abogado (UBA - 1987); especialista en relaciones de consumo. Fue Asesor legal de la Dirección General de Defensa y Protección de los Consumidores y Usuarios de la provincia de Chubut. Se ha desempeñado como docente del área de Estudios Sociales para el Providence School Department, Rhode Island (Estados Unidos – 2002-2004), y en diversas cátedras de Derecho Civil de la Universidad de Buenos Aires. En la actualidad es Profesor de la materia Tutela del Asegurado y Contrato de Seguro. Universidad Nacional de Buenos Aires. Ha publicado et al, " La Responsabilidad Objetiva: El artículo 1113 del Código Civil". Ediciones Jurídicas de Cuyo. En 2009 publicó " La Libertad de expresión y otros derechos personalísimos. Un ensayo de derecho comparado". Ed. Universidad. Es autor de numerosos artículos específicos de Derecho del Consumidor. Ha disertado en diversas conferencias y seminarios sobre el tema. Las críticas y comentarios que el lector quiera hacer sobre el contenido de este artículo serán muy bien recibidos en fernandoshina@gmail.com. [2]Como Vladimir Nabokov, Invitation to a Beheading [3] Dante Rusconi. Manual de Derecho del Consumidor. Abeledo Perrot, año 2010, página 163 y 164 [4] Dante Rusconi. Manual de Derecho del Consumidor. Abeledo Perrot, año 2010, página 163 y 164 [5] Carlos Ghersi. ¿Los derechos de los consumidores o de las empresas? Ed. Microjuris.com. 13 de abril de 2012. Citar MJ-DOC-5755-AR [6] SOBRINO, Waldo; Ponencia "Las 'Victimas de Siniestros' son 'Consumidores de Seguros' ("...contra lo que pueda parecer, nunca se debe olvidar, que la Constitución Nacional , forma parte del derecho positivo argentino..." -Genaro Carrió-)"; presentada en el “IIIº Congreso Euroamericano de Protección Jurídica de los Consumidores”, Facultad de Derecho, Universidad de Buenos Aires, Septiembre de 2010. [7] Waldo Sobrino. Las víctimas de accidentes de tránsito siguen siendo consumidores en el anteproyecto de Código Civil de 2012. Publicado: Diario “ La Ley ”, de fecha 30 de Agosto de 2012 [8] Manzanera, Elina B. Nuevas interpretaciones en materia de derechos del consumidor. Microjuris.com, 23-abr-2012. Cita: MJ-DOC-5762-AR | MJD5762 [9] Dante Rusconi. Manual de Derecho del Consumidor. Abeledo Perrot, año 2010, página 169 y 170. [10] Waldo Sobrino. Las víctimas de siniestros son consumidores de seguros, publicado en Microjuris.com, el día 28 de octubre de 2011. Cita: MJ-DOC-5579-AR | MJD5579 [11] Carlos Ghersi. ¿Los derechos de los consumidores o de las empresas? Ed. Microjuris.com. 13 de abril de 2012. Citar MJ-DOC-5755-AR Citar: elDial DC19F2 Publicado el: 01/03/2013 copyright © 2012 editorial albrematica - Tucumán 1440 (1050) - Ciudad Autónoma de Buenos Aires - Argentina

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