martes, 13 de enero de 2009

Conceptos y limites a la propiedad

NOTAS SOBRE EL CONCEPTO Y LÍMITES DE LA PROPIEDAD
EN EL DERECHO COMPARADO"
por Luis Moisset de Espanés
(*) Estas notas fueron preparadas durante un curso monográfico sobre el tema correspondiente al segundo Ciclo de Derecho Comparado realizado en la Universidad de Coimbra, en 1966.
Academia Nacional de Derecho y Ciencias Sociales de Córdoba
(República Argentina)
http://www.acader.unc.edu.ar

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SUMARIO.
I.- Introducción: la función de la propiedad.
II.- Evolución histórica del derecho de propiedad. 1) Necesidad del estudio histórico. 2) La noción romana de la propiedad privada. 3) La noción germánica de la propiedad priada. 4) Concepción inglesa de la propiedad privada. 5) La propiedad privada en Rusia.
III.- La propiedad en el siglo XX.- 1) Crítica a la propiedad privada. 2) Evolución de la legislación.
IV.- Aspectos fundamentales de la propiedad privada en el derecho contemporáneo.
V.- Concepción liberal de la propiedad: 1) Derecho francés. 2) Derecho inglés. Common law. La "equity". Statute law.
VI.- Concepción social de la propiedad. 1) Derecho suizo. Carácter social de la propiedad privada. Carácter individual de la propiedad privada. 2) Derecho italiano. 3) Derecoh alemán. La doctrina. Constitución de Weimar (1919) y de Bonn (1948). 4) Resumen.
VII.- Concepción "marxista" o "socialista" de la propiedad. 1) Bases ideológicas. 2) La propiedad en el derecho de la U.R.S.S. Fuentes. 3) Fraccionamiento del concepto de propiedad. 4) Propiedad socialista. 5) Propiedad privada. 6) Propiedad personal.

I. INTRODUCCIÓN: LA FUNCIÓN DE LA PROPIEDAD.
La propiedad, "poder legal de disponer de las cosas", es una institución importantísima y constituye uno de los pilares de la organización jurídica de la humanidad y la condición de toda actividad económica del hombre.
Sus formas y su régimen son un reflejo de la concepción filosófica que cada pueblo tiene de la vida y, a la vez, un poderoso factor que determina la estructura de su organización. Resulta claro que la estructura económica y social de un estado dado presentará un carácter esencialmente diferente según la actitud y la política que adopte respecto a la propiedad; en la práctica esto va a depender del hecho de si su ordenamiento jurídico admite o no que los particulares puedan ser titulares del derecho de propiedad y puedan disponer libremente de las cosas, los inmuebles, las empresas, etc.
Dicho en otras palabras, su derecho determinará si el régimen es liberal, y se reconoce la propiedad individual y la libre iniciativa privada, o si -por el contrario- se adopta un régimen socialista (o comunista), que substituye la propiedad individual por la propiedad colectiva o la propiedad del Estado suprimiendo la iniciativa privada y sometiendo toda actividad económica a las directivas del Estado, en cumplimiento de los llamados "Planes Económicos".
El papel fundamental que desempeña la propiedad ha sido reconocido solemnemente en la famosa "Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano" de 1789, y -poco después- por el no menos célebre "Bill of Rights", de los Estados Unidos de la América del Norte, en 1791.
La primera de dichas declaraciones menciona la propiedad entre los "derechos naturales e imprescriptibles" del ciudadano (art. 2), y la declara "inviolable y sagrada" (art. 17). Precisa también su carácter de "absoluta", expresando que no admite otros límites que aquellos que aseguren a los demás miembros de la sociedad el goce de sus propios bienes (art. 4), o que surjan de una ley expresa que prohíba "los actos dañosos para la sociedad" (art. 5). Por último, limita la posibilidad de la expropiación, que sólo se acepta cuando "la necesidad pública, legalmente comprobada, lo exige evidentemente, y bajo la condición de una justa indemnización previa".
La importancia de la propiedad, declarada enfáticamente en dichos documentos, ha sido reiterada muchas veces a lo largo del siglo XIX, y en la actualidad numerosas constituciones mencionan la propiedad privada entre los "derechos fundamentales" de los ciudadanos o, por lo menos, la "reconocen", "protegen", o "garantizan", como ocurre -incluso- en varias de las constituciones socialistas de los países de la Europa del Este.
Pero el espíritu con que se contempla la propiedad privada en los países de Occidente y en los países socialistas, no es el mismo. ya en el curso del Siglo XIX, y más aún en lo que va del siglo XX, la extensión y el contenido del derecho de propiedad ha sufrido considerables modificaciones y han surgido corrientes doctrinarias divergentes, que inciden en las concepciones adoptadas por los distintos sistemas jurídicos. En este sentido podemos advertir que, si bien es cierto que la "Declaración universal de los Derechos del Hombre", votada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948, reconocía a toda persona el derecho de propiedad, y disponía que "nadie puede ser privado arbitrariamente de su propiedad" (art. 17), se abstuvo en cambio de pronunciarse sobre el alcance y sentido que debe darse a este vocablo. Y es más significativo aún que la "Asamblea consultiva europea", reunida en Estrasburgo en 1949, no haya mencionado la propiedad entre los Derechos fundamentales del Hombre, a raíz de que no se consiguió llegar a ningún acuerdo sobre la naturaleza de este derecho.
Es necesario, por tanto, dedicar nuestros esfuerzos a estudiar las diferentes concepciones que existen sobre la propiedad privada, efectuando un análisis del contenido que tiene este derecho en los distintos sistemas jurídicos contemporáneos. Pero, para comprender mejor la naturaleza y el espíritu de la institución, será conveniente estudiar antes, aunque sea en forma asaz breve, su origen y evolución histórica, para ocuparnos luego e los aspectos fundamentales de la propiedad privada en el derecho contemporáneo e indagar sobre los límites que se ponen a su ejercicio.
Es necesario también recordar que el vocablo propiedad (propriété, proprietá, propriedade, property, gigentum, egendom) tiene, como la mayoría de los vocablos, varios significados y que no solamente el hombre de la calle, sino también los economistas y los juristas lo entienden de manera diferente.
Para algunos -especialmente para los sociólogos- la propiedad designa el conjunto de los derechos subjetivos, el patrimonio de que es titular una persona; otros confunden la propiedad (derecho real), con el objeto sobre el cuál recae este derecho y así se habla de "mi propiedad de Salsipuedes", o "tengo tres propiedades", etc. (1) otros hablan de propiedad comprendiendo no sólo el señorío sobre las "cosas", sino también sobre los "bienes" incorporales, fenómeno que ocurre especialmente en Francia e Italia y también en la Constitución polaca de 1952. De esta forma no se vacila en hablar de "propiedad literaria, artística e intelectual", "propiedad del nombre o de un título nobilario", "propiedad de una cátedra universitaria", etc.
Nosotros, en cambio, reservamos el término "propiedad" para el señorío jurídico sobre las cosas corporales, sea que se trate de la propiedad inmobiliaria, o la propiedad e los muebles. Empleamos el término en este sentido estricto porque es el más jurídico y es superpone con la noción que da el C. civil argentino del derecho de "dominio". Propiedad y dominio resultan así vocablos sinónimos, y de esta forma se reacciona contra el empleo abusivo del término "propiedad", y quedan claramente señaladas las diferencia que existen entre el régimen jurídico del derecho de "propiedad" que se aplica a objetos corporales, y las denominadas "propiedades" de bienes inmateriales.
Por último, en estas notas no se pretende agotar el estudio del derecho vigente en todos los pueblos, sino que se han seleccionado algunos, como ejemplo de los principales sistemas de derechos, o de las familias en que dichos sistemas se subdividen, siguiendo los lineamientos del programa de un curso que sobre este tópico efectuamos en la Universidad de Coimbra en el verano de 1966. De este análisis comparativo de diversos ordenamientos jurídicos se procurará extraer los rasgos predominantes que caracterizan en la actualidad las diferentes concepciones de la propiedad privada, e ilustrar las tendencias generales de su evolución en el mundo jurídico contemporáneo.
II. EVOLUCIÓN HISTÓRICA DEL DERECHO DE PROPIEDAD
1) La propiedad privada en el derecho romano y en los derechos germánicos.
Si el jurista contemporáneo desea comprender perfectamente el sentido y alcance de las definiciones modernas de la propiedad privada, debe necesariamente procurar indagar previamente sobre el significado de los precedentes en que dichas legislaciones se han inspirado. Y estos precedentes se encuentran en el derecho romano, por una parte, y en los derechos germánicos, por otra; pues ellos son los que han ejercido mayor influencia en la formación de la noción de "propiedad", tal como la encontramos actualmente en los derechos positivos vigentes.
2) La noción romana de la propiedad privada.
El derecho romano es -como se sabe- la obra colectiva de magistrados y jurisconsultos que, poco a poco, en el curso de un trabajo de siglos, han elaborado, clarificado y precisado las nociones esenciales del derecho. En el curso de este largo período, que va desde la fundación de la Ciudad Eterna hasta fines del siglo III de nuestra era, Roma ha conocido varias clases de propiedad: Colectiva, primero; copropiedad familiar, luego; y, por último, la propiedad individual. Esta última es la única que nos interesa; la encontramos en el Derecho Romano Clásico y ella, o mejor dicho, la idea que de ella se formaron los glosadores y posglosadores- ha tenido gran importancia para dar forma a la noción moderna de propiedad.
Sería inútil buscar una definición romana de la propiedad privada individual; las fuentes no contienen ninguna y se limitan a dar vagos conceptos que apenas nos sirven para creer que los romanos distinguían en la propiedad tres elementos unidos: el derecho de usar (usus); el derecho de percibir y utilizar los frutos, o goce (fructus); y el derecho de disponer de la cosa como dueño (abusus). La propiedad romana comprendía, pues, el "ius utendi, fruendi et abutendi", facultades que por lo común se reunían en la misma persona.
La determinación de la existencia de estos elementos como constitutivos de la noción romana de propiedad es muy importante, pero resulta sin embargo insuficiente; es necesario agregar, además, que para los romanos la propiedad es un derecho real, (el derecho real por excelencia); un derecho perpetuo (el señorío sobre la cosa, por más intensidad y amplitud que tenga, no se denominaría propiedad si está limitado en el tiempo); un derecho exclusivo (por oposición a los derechos colectivos), y finalmente, un derecho "absoluto".
Este último carácter de la propiedad exige un estudio más detenido porque, según la interpretación que se le dé, puede llegarse a concepciones esencialmente diferentes de la noción romana de propiedad.
Para algunos "absoluto" quiere decir ilimitado; para otros "absoluto" se opone, simplemente, a propiedad relativa, de manera que propiedad absoluta solamente querría significar que ese derecho puede oponerse "erga omnes", -contra todo el mundo- y no solamente a una persona determinada.
Quizás ésta sea la idea que han tenido los juristas romanos de la propiedad, porque nos parece que jamás han pensado que el propietario pudiera hacer con la cosa lo que se le ocurriese, sino que sus poderes de disposición han encontrado siempre un límite dado por otras normas jurídicas, o por la moral o la religión. En Roma los propietarios debían ejercer sus derechos de acuerdo a la ley, respetando los intereses de su familia y teniendo en cuenta el interés de sus vecinos; pero, por sobre todo, debían respetar el interés público (salus publica suprema lex est). El pretor no toleraba ningún abuso y son numerosas las disposiciones que recuerdan al propietario sus deberes frente a la colectividad a la que pertenece. Estos deberes se refieren tanto a las relaciones de vecindad, como al interés público de mantener las bellezas naturales o artísticas del paisaje o de las ciudades, pudiendo citarse en este último sentido las medidas de policía urbana sancionadas por Augusto y, más tarde, por los emperadores Zenón y Justiniano.
El estudio de las numerosas disposiciones que limitan las facultades del propietario en el derecho romano, ha sido descuidado con frecuencia, y tradicionalmente casi todos los autores nos han presentado la propiedad romana como si fuese un derecho ilimitado y esta concepción errónea ha pesado sobremanera en el espíritu de muchas legislaciones del siglo pasado, y aún en épocas modernas. Recién en los últimos años, y a raíz de la evolución que ha sufrido el concepto de la propiedad y de las críticas que se han dirigido a este carácter de "absoluto" que se le acordaba, los romanistas han comenzado a demostrar preocupación por indagar si realmente era cierto que los romanos pensaban así, y poco a poco han puesto de relieve que en ningún momento de la historia del Derecho Romano se le ha acordado a la propiedad un carácter tan "absoluto" como el que le reconocieron las legislaciones inspiradas en los principios de una filosofía "individualista".
3) La noción germánica de la propiedad privada
En los derechos germánicos la propiedad tiene un carácter muy diferente; esos sistemas no conocen la noción abstracta de propiedad, a la vez plena y única, esencialmente diferente de los otros derechos que una persona puede tener sobre una cosa. La propiedad germánica se distingue de los demás derechos no en su calidad, sino en la cantidad de poderes que confiere a su titular y, además, se presenta en formas muy complejas.
En primer lugar debe distinguirse netamente entre la propiedad de los muebles y la de los inmuebles.
Sólo la primera, en cuanto recae sobre bienes personales; es comparable a la propiedad romana. La segunda es totalmente distinta, en razón de su propia naturaleza, ya que no es individual, sino familiar o colectiva, según el objeto sobre el que recaiga.
Recordemos, brevemente, que las viviendas y el terreno sobre el cual asienta, pertenecen a la familia que las habita y pueden ser objeto de una propiedad que, en principio, es inenajenable y hereditaria; por el contrario, las tierras pertenecen a las comunidades rurales o agrícolas, de conformidad con la economía agraria y la organización cooperativa que es la nota distintiva de las costumbres y forma de vida de las tribus germánicas. Dentro de las tierras debe distinguirse todavía entre las tierras
cultivables, y las que no lo son; las tierras cultivables y arables se reparten fraccionadamente entre las familias que integran la comunidad, otorgándoseles un uso limitado en el tiempo y, además, porque esas familias beneficiarias de la adjudicación de las parcelas no pueden elegir a su antojo los cultivos que han de efectuar, sino que deben seguir ciertos planes trazados por la propia comunidad, y alternar rotativamente esos cultivos.
Las tierras que no se cultivan como los bosques y los campos de pastoreo, forman parte de la propiedad colectiva de todos los miembros de la comunidad, y pueden ser usadas por cualquiera; es digno de señalarse que este régimen de uso en común de las tierras de pastoreo subsiste en la actualidad en Suiza.
Recapitulando lo dicho, vemos que el uso y goce que puede acordarse a un miembro de la colectividad sobre un inmueble puede tener un contenido muy variable y está sometido a múltiples restricciones; lo mismo ocurre con la posibilidad de disponer de esos bienes, ya que existen retractos de diversas especies que traban considerablemente la libertad de disponer y dificultan sobremanera la circulación de estos bienes.
En la Edad Media, en lugar de atenuarse las restricciones y limitaciones inherentes a la propiedad germánica, aumentaron considerablemente con el advenimiento del régimen feudal, que introdujo una serie de cargas de todo tipo, públicas y privadas: censos, rentas, derechos de caza, mayorazgos, etc.
Este régimen nace en los "tiempos bárbaros" (siglos VI a IX), en el período de invasiones que produjo una serie de desplazamientos de pueblos o "völkervanderung", como la denomina Toynbee.
En estos "tiempos revueltos" el individuo aislado no podía escapar a la violencia y busca entonces la protección de un personaje -el señor feudal- que tiene un recinto fortificado o defendido -el castillo- y un ejército -formado por los siervos y vasallos-, y él mismo acepta someterse como vasallo, e incorporarse al ejército del señor. Si tiene tierras se las cede, confiriéndole un derecho ilimitado de esas tierras, tiene que concederle al vasallo el uso y goce de las mismas.
De esta forma las tierras, adquiridas por los señores son "tenidas" -"tenues"- por personas distintas al propietario y estas "tenencias" reconocen orígenes muy diversos y tienen distinto alcance; a) encontramos así los "fief" o feudos, cuando se trata de una "ternure" a favor de un noble; b) la "ternure" villana, en carácter de "censo", cuando la tierra se entrega a labradores. De esta forma encontramos dos personas que tienen simultáneamente un derecho sobre el inmueble: el señor y el vasallo (tenancier), y ambos derechos son perpetuos, aunque de naturaleza diferente. El señor es el verdadero dueño o propietario, y el "tenancier" sólo tiene un derecho de goce sobre la cosa de otro; pero, atenta la extensión y perpetuidad de ese derecho, a la larga termina considerándoselo comouna propiedad.
En conclusión, en el umbral de los tiempos modernos la propiedad germánica no se presenta comoun concepto unitario, sino plural y complejo; existen muchas clases de propiedad, subordinadas unas a otras y cuyo contenido es más o menos extenso. Se desconoce la idea a de una propiedad integral y exclusiva pero, sin embargo, esta idea se introducirá en los países germánicos como una consecuencia de la recepción del derecho romano y de las transformaciones sociales que se produjeron a partir de la segunda mitad del siglo XVIII.
La recepción del derecho romano trae como consecuencia que se introduzca una neta distinción entre la propiedad y los restantes derechos reales que de ella se desmembran; por otra parte se comienza a distinguir entre la propiedad privada y los bienes públicos, o las cargas de derecho público que gravan a ciertos bienes privados. Este fenómeno reconoce como causa no sólo la recepción del derecho romano, sino también la progresiva desaparición del régimen feudal, que se va debilitando mientras se fortalece el poder de los monarcas, y nace el concepto del estado nacional.
En esta etapa encontramos una serie de esfuerzos de los juristas por adaptar la noción romana de la propiedad a la realidad social y económica de la época; se admite entonces la existencia de una doble propiedad sobre las cosas: el dominio directo y el dominio útil. Esta concepción sobrevive todavía en alguna medida en la doctrina jurídica de algunos países contemporáneos y podemos encontrarla en muchas obras cuando se trata de explicar la condición jurídica en que se encuentran las partes que contratan una enfiteusis; en nuestro país, a pesar de que VÉLEZ SÁRSFIELD suprimió la enfiteusis, cuando los tratadistas hacen referencia a ese derecho real, suelen también recurrir a estas teorías para explicarlo.
En cuanto a la escuela del derecho natural, que tanta influencia tuvo en el pensamiento jurídico del siglo XVIII, se refleja en esta materia como consecuencia de su reconocimiento de la propiedad como un derecho natural del hombre; se considera, por propiedad como un derecho natural del hombre; se considera, por lo tanto, que la propiedad debe estar protegida contra toda ingerencia arbitraria de los poderes políticos y que solamente encuentra sus límites en el respeto a los derechos de los demás hombres.
La Revolución Francesa trae como consecuencia una liberación de la propiedad inmobiliaria de todas las cargas que la gravaban, cuyo rigen feudal y aristocrático repugnaban al espíritu de los revolucionarios; y, paralelamente se suprimen las sujeciones de carácter personal, que vinculaban a los individuos con las tierras del señor, desapareciendo de esta manera los siervos de la gleba.
Triunfa así una concepción de la propiedad vinculada con la vieja noción romana de propiedad individual, y advertimos la consagración de este principio en las definiciones de la propiedad que nos dan de la propiedad los códigos sancionados en el siglo pasado, cuyo modelo se encuentra en el Código Napoleón, que dedica al problema el art. 544. El mismo camino siguen el viejo código civil italiano de 1965, el código de Chile, el Código civil español (art. 348), el B.G.B. (art. 905), y nuestro código en los art. 2.506, 2.513 y 2.514.
Estas definiciones comprenden tanto la propiedad e los muebles como la de los inmuebles, sin tener en cuenta la diversidad de intereses que pueden servirse, ni la diferencia de valores, ni la naturaleza misma de esos objetos. Se desatiende de esta manera a una serie de realidades sociales y económicas que luego deberán ser tenidas en cuenta.
Pero, volviendo sobre la definición de propiedad que dan estas codificaciones queremos hacer notar, de paso, que el legislador argentino no llegó al exceso del codificador francés, porque en el art. 544 del Código Napoleón se caracteriza al derecho de propiedad como el poder "más absoluto" que se tiene sobre la cosa, y Vélez Sársfield ha suprimido esa locución en el texto del artículo 2.506, y lo ha hecho de manera deliberada. Si bien es cierto que algunos autores afirman que VÉLEZ tenía una concepción netamente individualista de la propiedad y que rechazaba toda limitación legal del ejercicio de este derecho, utilizando como argumento la nota al art. 2513, cuando dice que "toda restricción preventiva tendría más peligros que ventajas" y que "Si el gobierno se constituye juez del abuso, no tardaría en constituirse juez del uso y toda verdadera idea de propiedad y libertad sería perdida, no debemos olvidar que las opiniones vertidas en las notas no tienen fuerza de ley, y que en la nota siguiente -la del art. 2514- al insistir en que las leyes romanas no limitaban el derecho de propiedad, aunque con su ejercicio se ocasionara daño a los vecinos, agrega que las Leyes de Partidas copiaron ese concepto "con una notable adición"; Fueras ende si este que lo quisiese facer, non lo hubiese menester, mas se moviese maliciosamente por facer mal a otro".
Y agrega luego VÉLEZ SÁRSFIELD, con una frase propia -en la que no se reproduce el pensamiento de otros autores, sino que se aclara la idea que tenía en mente el legislador al determinar en el art. 2514 cuál era el contenido del derecho de propiedad:
" La resolución del artículo no importa decir que el dueño de una finca pueda poner en ella establecimientos industriales que hagan desmerecer en sus valores y en sus alquileres los predios vecinos, como, más adelante quedará establecido".
Surge de allí claramente que nuestro legislador no ha pensado en ningún momento que el ejercicio del derecho de propiedad pueda ser "absoluto" e "ilimitado", y la opinión que adelanta en la nota se ve ampliamente corroborada con el extenso título que dedica a las restricciones y límites al dominio (Título VI del Libro Tercero, arts. 2611 a 2660).
No es culpa del legislador si la doctrina y la jurisprudencia posteriores, con un criterio más individualista que el del propio autor del Código, no han sabido sacar partido de las prudentes disposiciones que VÉLEZ SÁRSFIELD introdujo en su obra para regular el ejercicio del derecho de propiedad dentro de sus límites correctos, impidiendo excesos perjudiciales para los terceros.
4. Concepción inglesa de la propiedad privada.
Esta evolución del derecho de propiedad en Occidente, que acabamos de estudiar, no ha seguido los mismos caminos en todos los países. En especial el derecho inglés, siempre refractario a las influencias romanistas, ha permanecido fiel a la concepción germánica de la propiedad, rechazando la noción romana abstracta y única, aplicable a todas las categorías de cosas corporales. En el derecho anglosajón se ha continuado distinguiendo claramente la propiedad mobiliaria de la propiedad inmobiliaria; únicamente la primera es simple y confiere a su titular la plenitud de los derechos y poderes sobre la cosa que es objeto del derecho.
La propiedad mobiliaria inglesa puede, pues compararse con la propiedad romana, pero con una diferencia muy importante, que la sanción para las violaciones de este derecho no es una acción civil real -la reivindicación- sino una acción penal, llamada acción "of trespass".
La propiedad inmobiliaria, por el contrario, presenta un carácter muy diferente, jamás confiere la plenitud de los derechos a su titular, y muestra formas complejas, vinculadas con el régimen feudal, -introducido en Inglaterra por los normandos, después del triunfo de Guillermo el Conquistador en la batalla de Hasting- además de las disposiciones del viejo derecho sajón, en los "statute law" (especialmente los "status De donis condicionalibus" de 1285, y "Quiz emptores", de 1290), y la justicia del canciller ("equity").
Para comprender la concepción inglesa de la propiedad inmobiliaria es necesario recordar en primer lugar que el rey, en virtud del derecho feudal, es el propietario de todas las tierras del reino, cuyo goce concede a sus vasallos. Estos, a su ve, suelen entregar las tierras a los "tenants", o "sub-vasallos"; este tipo de conexiones de denomina "ternures" (o feudos), y entre ellas se distinguen las "free-ternures" o "free-holds" (feudo libre), y las "nonfree-ternures", llamadas también "vilain-ternures"o "copy-holds" (villanías o censos), otorgadas a los agricultores.
Por otra parte los derechos de los "tenants" no han sido -ni son- siempre los mismos; pueden variar de acuerdo a su "estate", y tener un contenido más o menos importante. El "estatuto" de un "free-holder", por ejemplo, podría ser: a) enajenable o hereditario("estate in fee simple"), b) enajenable, pero de duración limitada al término de vida del "tenant" ("estate for life"); o c) inenajenable, pero hereditario en línea directa ("estate in tail").
En su conjunto las "ternures" están defendidas por una acción real ("real action"), "Writ of right") y forman por esta razón la "real property", por oposición a la "personal property", que comprende todos los otros bienes de una persona, a los que se llama "chattels", sean los "chattels personel" (cosas muebles, créditos y derechos absolutos que no entran en la s categorías de las "real property"), sean los "chattels real", como los "lease-hold", arrendamientos rurales).
En resumen, podemos advertir claramente que la "property" no solamente es sumamente compleja, sino que ni siquiera es sinónimo de "propiedad" puesto que comprende derechos personales comolos créditos, o el arrendamiento.
Insistimos, pues, en que el derecho inglés lejos de admitir una noción única de propiedad, conocía una multitud de propiedades, que se distinguen por los poderes que los "legal" o los "equitable estates" confieren a sus titulares.
A partir de la segunda mitad del siglo XVII empieza a advertirse una evolución que tiende a la simplificación. En 1660 son abolidas -en principio- las cargas y derechos feudales; en el siglo XIX los agricultores que eran "tenants" de "copyholds", obtienen la facultad de transformarlos en "free-holds", y en 1926 los "copy-holds" son suprimidos totalmente, a raíz de nuevas leyes -las "Law of property acts"-, que reforman totalmente la materia.
En la actualidad la propiedad inmobiliaria inglesa no presenta más que dos "legal estates"; el "estate in fee simple absolute", que es una propiedad enajenable e ilimitada en el tiempo, y el "term of years absolute", que comprende las locaciones urbanas de arrendamiento rurales y los "mortgage" (hipotecas). Esta distinción se asemeja en cierta medida a la que encontramos en los derechos continentales entre la propiedad (derecho sobre la cosa propia) y los "iura in re aliena" (o derechos sobre la cosa de otra). Sin embargo no es totalmente igual, y existen diferencias cuando el "fee simple" corresponde a un "trustee", porque en esa hipótesis veremos que la utilidad económica
("equitable estate" o "equitable interes") corresponderá a un tercero beneficiario; y puede también darse el caso de que el "term of years" haya sido convenido por un plazo muy largo, -por ejemplo 1000 años- de manera que el "fee simple" no constituya más que una simple expectativa.
5) La propiedad privada en Rusia
También en Rusia la evolución de la propiedad presenta un carácter particular, íntimamente ligado a las concepciones políticas que predominaron en ese país. Su historia puede servirnos para comprender mejor ciertos fenómenos del derecho soviético, especialmente en lo que respecta al régimen jurídico de los inmuebles, en la época actual.
Debemos comenzar recordando, en primer lugar, que desde la formación del Estado ruso ha existido un gobierno central sumamente fuerte y poderoso cuyo jefe casi absoluto era el zar. El gobierno disponía de grandes dominios, que no podía administrar por sí mismo, y cuya explotación y goce confiaba a los nobles que eran fieles vasallos de la corona. Estos vasallos eran, pues amos de esas tierras, pero solamente con carácter vitalicio, ya que dichos "dominios de servicio" no eran -por lo menos en un primer momento- transmisibles por herencia.
Sin embargo la totalidad de las tierras disponibles no se agotaba con los "dominios de servicio"; a su lado existían las "tierras campesinas", que pertenecían a agricultores libres, independientes y no sometidos a contribuciones territoriales. Pero ocurría que a menudo esas tierras no eran las mejores, y su explotación resultaba ingrata y difícil, a tal punto que los campesinos preferían abandonarlas y emigrar hacia las nuevas provincias que Rusia acababa de conquistar, y en especial a Ucrania, cuyas "tierras negras" son prodigiosamente fértiles.
El gobierno reacciona contra este éxodo y para detenerlo amenaza a estos campesinos con privarlos en su libertad e independencia y vincularlos a la gleba sometiéndolos en el futuro como siervos a los titulares de los "dominios de servicio". Dicho estado de cosas se mantiene sin grandes cambios hasta la época de Catalina II y Pedro el Grande. La mencionada emperatriz suprime la obligación de "servir" de la nobleza y, al mismo tiempo, da el carácter de hereditarios a los antiguos "dominios de servicios" que en el futuro pertenecerán en plena propiedad a los nobles, que hasta ese momento sólo habían tenido su goce temporario.
Una segunda reforma de Catalina se refiere a los inmuebles que pertenecían a los campesinos declarando que en adelante dichas tierras pertenecerían al Estado, aunque sus antiguos titulares no quedarían privados de ellas, sino que continuarían siendo sus dueños efectivos, pero sometidos al pago de un impuesto inmobiliario. Encontramos así una primera nacionalización del suelo, pero por razones puramente fiscales. Pedro el Grande, a su vez, introducirá una nueva reforma en el estatuto agrario ruso; con la finalidad de aumentar la productividad de la tierras y mejorar los cultivos, crea comunidades agrarias (oschtschina), que abarcan todas las tierras agrícolas cultivables, y prevé igualmente la forma de su explotación que, a partir de ese momento, deberá efectuarse por las comunas rurales, organizadas en asociaciones cooperativas, llamadas "mir". Ellas se encargarán de distribuir las tierras comunes entre las familias de la comunidad, para un uso limitado en el tiempo, y transcurrido ese lapso deberá efectuarse una redistribución.
Aproximadamente un siglo más tarde el zar Alejandro abolirá la institución de los "siervos", pero se mantendrán los "mir" hasta la reforma agraria emprendida en 1905 de acuerdo a los planes de Stolypine; reforma que no alcanzará a completarse, ya que sus planes se iban cumpliendo con lentitud y se vieron interrumpidos primero por la Primera Guerra Mundial, en 1914, y luego por la Revolución de 1917, oportunidad en que se los abandonó completamente.
La Revolución de 1917, por un decreto del 20 de octubre expropia los grandes latifundios, y en 1918
nacionaliza todo el suelo de Rusia, haciendo desaparecer conjuntamente la propiedad privada y los "mir", aunque estos últimos reaparecen con el código rural de 1922, que crea una nueva organización de la propiedad inmobiliaria.
III. LA PROPIEDAD EN EL SIGLO XX
A comienzos del siglo XX la propiedad privada individual era reconocida universalmente; se presentaba como un derecho real simple, ya que no había -prácticamente- propiedades superpuestas (el derecho de la Corona en el "common law" sólo encontraba alguna aplicación en los casos de desheredación). Estaba libre de toda carga y era ilimitada en el tiempo, confiriendo a su titular la plenitud de los poderes (uso, goce y disposición). Además este régimen jurídico de la propiedad era extensivo tanto a los muebles como a los inmuebles.
Es cierto que en ningún momento la propiedad privada ha sido verdaderamente "absoluta", pero las modalidades y restricciones que las leyes y reglamentos habían establecido no significaban un cambio sensible del contenido del derecho de propiedad ya que -por lo general- sólo limitaban el ejercicio de los derechos del propietario, pero no alteraban la esencia de ese derecho como ocurriría en el caso de que suprimieran uno de sus elementos esenciales, como ser la perpetuidad.
Todas las leyes vigentes en ese momento concedían al titular el ius utendi, fruendi et abutendi y le permitían hacer valer esos derechos en su interés personal y exclusivo.
1) Crítica a la propiedad privada.
La legitimidad del derecho así descrito ha sido discutida ya desde hace tiempo; unos estiman que la propiedad privada individual es la fuente de la productividad y de las riquezas nacionales y constituye la mejor arantía de la libertad de los individuos, corolarios necesario de la dignidad de la persona y "verdadero fundamento de la sociedad humana".
Para otros, por el contrario, la propiedad privada es la causa de la opresión de los débiles, de la explotación de los trabajadores y de la insuficiencia de sus condiciones de vida, o dicho más brevemente-el origen de todos los males y desigualdades sociales.
Numerosos filósofos y pensadores se han ocupado del problema de la propiedad, en especial a partir de la célebre obra de Juan Jacobo Rousseau "Sobre el origen de la desigualdad entre los hombres".
No podemos aquí mencionar a todos los que han tratado estos tópicos, pero basta señalar un par de nombres por la virulencia de las críticas que dirigieron contra esta institución y la difusión que sus obras han tenido: Proudhon, en su libro "La propiedad es el robo"; y Karl Marx, en especial en el Manifiesto comunista y El Capital.
2) Evolución de la legislación
Las ideas de Marx han tenido gran influencia en Rusia, primero, y luego en los países de la Europa del Este donde, con posterioridad la finalización de la Segunda Guerra Mundial se han implantado regímenes socialistas, denominados Democracias Populares.
Sin embargo hay países que han precedido a Rusia en el camino de esta lucha contra la propiedad privada, y en tal sentido podemos citar a Méjico, que en el art. 27 de la Constitución de 1917 niega el carácter absoluto y exclusivo de la propiedad y somete el ejercicio de este derecho al interés general, afirmando que la propiedad, especialmente de las tierras y de las aguas, es un derecho que pertenece a la sociedad, representada por el Estado, que es el único que puede otorgarlo a los ciudadanos, manteniendo siempre su vigilancia sobre el uso que ellos realicen; sobre esta base se han encarado planes de reforma agraria verdaderamente revolucionarios.
En la U.R.S.S. -como hemos dicho- la propiedad ha sufrido una transformación fundamental, ya que no sólo se ha modificado el concepto, y la extensión del derecho, sino que también se lo ha fraccionado en distintos tipos de propiedad. En primer lugar encontramos la propiedad "social", que se subdivide en "Propiedad social del Estado" y "propiedad de las cooperativas", y comprende todos los bienes de producción, que jamás pueden ser objeto de apropiación privada. En segundo lugar, y reemplazando la propiedad privada, encontramos la "propiedad personal", que está restringida a los bienes de consumo.
Pero no sólo en los países que han sufrido grandes revoluciones se ha transformado el concepto del derecho de propiedad también en Occidente puede advertirse, aunque en menos medida, que el carácter absoluto de la propiedad encuentra nuevas limitaciones, que atienden al interés social y que prohíben el ejercicio abusivo del derecho, al tiempo que se produce también un fraccionamiento del viejo concepto unitario de la propiedad privada porque cada día con mayor frecuencia se "nacionalizan" o "socializan" determinados bienes, industrias, o empresas (petróleo, carbón, acero, bancos, etc.), como así también los medios de comunicación y trasporte. Muchos juristas creen advertir que también en Occidente encontramos hay "varios derechos de propiedad distintos", según el objeto sobre el que recaigan y la condición social del sujeto titular de ese derecho.
El señorío que la propiedad privada acordaba a sus titulares encuentra a cada instante nuevas restricciones, más y más numerosas, que procuran hacer prevalecer los intereses sociales sobre los intereses personales del propietario. Pero esta tendencia no se manifiesta con la misma intensidad en todas partes, y por ello encontramos distintas concepciones de la propiedad, que va desde una concepción individualista a una concepción social de la propiedad, y también una concepción comunista.
A veces las restricciones que se imponen a la propiedad llegan tan lejos que afectan la noción misma de este derecho a tal punto que ya no se puede hablar de "propiedad".
IV. ASPECTOS FUNDAMENTALES DE LA PROPIEDAD PRIVADA EN EL DERECHO CONTEMPORÁNEO
La evolución histórica de la propiedad muestra claramente que no se trata de un concepto inmutable y uniforme, sino de una "categoría histórica", es decir un fenómeno variable según el tiempo y lugar.
Su contenido y extensión cambian no sólo de un Estado a otro, sino que se modifican en el curso de la Historia de un mismo pueblo, porque se van transformando paralelamente con el desarrollo político y social que se opera en ese pueblo.
Si procuramos sistematizar los sistemas actualmente vigentes sobre la base de los poderes que dichos ordenamientos otorgan a los propietarios, podremos distinguir tres grupos netamente diferentes:
a) concepción "liberal", que confiere preeminencia a los intereses individuales de los propietarios;
b) concepción "social", que modera los poderes de los propietarios y los obliga a tener muy en cuenta el interés de los terceros y de la sociedad;
c) concepción "marxista", o "comunista", que exalta el interés colectivo, restringe la propiedad privada y sólo acuerda sobre las cosas un señorío muy limitado.
V. CONCEPCIÓN LIBERAL DE LA PROPIEDAD
1) Derecho francés.
La ya mencionada "Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano", de 1789, de inspiración profundamente individualista, ha sostenido que la propiedad es un derecho natural e imprescriptible (art. 2), y ha proclamado que es inviolable y sagrada (art. 17), especificando al mismo tiempo que su ejercicio no tiene otros límites que aquellos que aseguren al os restantes miembros de la sociedad el goce de sus propios derechos (art. 4).
El Código Civil francés se inspira en las mismas concepciones, y aunque no hace referencia al carácter "sagrado de la propiedad, manifiesta en su art. 544 que es el derecho de gozar y disponer de las cosas de la manera "más absoluta", fórmula que se ha hecho célebre y que, en el pensamiento de sus autores, tenía como objeto señalar una completa ruptura con las concepciones medievales y feudales de la propiedad, pero que ha sido comprendida por los exégetas del Código como una máxima que confería al propietario un señorío ilimitado sobre las cosas que le pertenecen.
El propietario puede, pues, realizar todos los actos de uso y goce..., ejecutar los trabajos que le plazcan, aunque sean dañosos para él..., talar árboles, destruir las construcciones que existen, agotar una cantera, destruir los objetos que le pertenecen, etc.
Sin embargo, parece evidente que el ejercicio material del derecho de propiedad no puede ser totalmente libre, a despecho del carácter "absoluto" que se le quiere adjudicar, ya que siempre el propietario deberá sufrir numerosas restricciones.
Vemos así que esa libertad de uso y goce encuentra como límite, en el propio código civil francés, los actos prohibidos por las leyes o reglamentos; además, en materia de "servidumbres" en los arts. 637 y siguientes, se mencionan otras restricciones que, quiérase o no, mitigan el espíritu individualista del código demuestran que ni siquiera en esa época era totalmente desconocido el carácter social de la propiedad.
Debemos agregar que con posterioridad a la sanción del Código la lista de restricciones se ha acrecentado considerablemente, por obra de la jurisprudencia -primero- que consagró la llamada teoría del abuso del derecho, y luego por las modificaciones que ha introducido el legislador.
Estas transformaciones, exigidas por la realidad social, se acrecientan día a día bajo los impulsos de la "economía dirigida" y con frecuencia llegan a subordinar y hasta sacrificar la propiedad privada a los intereses de la economía nacional o a otros intereses públicos, como ha ocurrido con las llamadas "leyes de emergencia" en materia de locaciones urbanas, que se dictaron después de la Primera Guerra Mundial para solucionar problemas de vivienda y que prácticamente desposeyeron a los propietarios al congelar los alquileres e impedir que se desalojase a los inquilinos. Vemos también que, ampliando el concepto de utilidad pública, se han expropiado y nacionalizado numerosos bienes, como minas, grandes bancos, empresas de producción de gas y electricidad, y hasta compañías de seguros.
Poco a poco el elemento individual desaparece, frente al elemento social de la propiedad. Las doctrinas de León DUGUIT sobre la "función social de la propiedad" han tenido una influencia preponderante, y han trascendido más allá de las fronteras de Francia.
Pero la doctrina francesa, sin desconocer la función que corresponde a la propiedad, evita ir demasiado lejos; hostil en su mayoría a las enseñanzas de Duguit, sigue defendiendo la "ilimitación de la propiedad", y estimando que las numerosas limitaciones y restricciones que ha sufrido afectan únicamente el ejercicio efectivo de la propiedad, pero sin alterar su naturaleza ni su esencia.
2) Derecho inglés. Common law.
La propiedad del derecho inglés después de la evolución que ya hemos estudiado, se presenta comoun derecho exclusivo (absolue an excluding property), extraño a todo pensamiento de función social.
Es muy conocida la máxima "my home is my castle", que pone de manifiesto muy claramente el individualismo inglés.
El propietario inglés puede hacer cualquier cosa con el objeto que le pertenece; no sólo puede usar, gozar y disponer de él como desee, vendiéndolo, donándolo o legándolo, sino que también puede destruir la cosa a su voluntad, aunque con ello vulnere algún interés social; esta concepción de la propiedad privada es, por tanto, comparable con la que surge del art. 544 del Código francés. Por supuesto que -entendamos bien- no puede llegar en el ejercicio de su derecho a causar daño a otras personas, pero esto no significa que -en general- deba respetar los interese sociales.
Es verdad que también en Inglaterra los derechos del propietario encuentran límites -a veces numerosos- pero estas restricciones se consideran siempre extrañas a la noción misma de propiedad y no responden a la naturaleza del derecho sino que tienen carácter excepcional y sólo se las admite si una ley las estipula expresamente.
La "equity"
La "equity" no ha alcanzado a mitigar el individualismo que caracteriza a la concepción inglesa de la propiedad; ni limitar los poderes del propietario para atender el interés social y general, pese a los principios "justicia natural", moral y buenas costumbres, que inspiran a la "equity".
Quizás pueda sorprender, a primera vista, la escasa influencia de la "equity" sobre la propiedad del "common law", pero ello tiene explicación. Por una parte los jurisconsultos temen sobremanera que se produzca una confusión entre los dominios propios de la moral y los del derecho; y, por otra, no debe jamás olvidarse que la "equity" ha tenido como principal misión llenar las lagunas del "common law", de manera que si éste ha reglado una institución de manera exhaustiva, la "equity" no tiene nada que hacer y la propiedad ha sido regulada por el "common law" de manera demasiado detallada, para que la "equity" pudiese cambiar nada e imponer a los propietarios una actitud de respeto a la función social de la propiedad.
Statute law (legislación laborista de carácter "social")
Las últimas leyes sancionadas han cambiado, sin duda, de manera fundamental algunos aspectos de la noción inglesa de propiedad, y esta nueva legislación ha alcanzado su punto culminante con las "Nationalisation Acts" (leyes de nacionalización), sancionadas por el partido Laborista entre 1945 y 1951. Pero aunque esta legislación ha producido un cambio en la titularidad de los bienes nacionalizados no ha modificado la estructura misma de la propiedad privada de derecho civil.
El "common law! y estas normas que consagran una legislación de tipo socialista, constituyen dos cuerpos de reglas yuxtapuestas -en lo que se relaciona con la propiedad- sin que el segundo haya limitado realmente la libertad del propietario y el carácter "sacrosanto" de la propiedad.
El "common law" continúa protegiendo al propietario que siempre podrá invocar la vieja máxima (1604): "The house of every one, is to him as his castle and fortress..."
De esta manera quedan expuestos los rasgos principales de la concepción inglesa de la propiedad, que junto con la francesa, constituyen los dos modelos más destacados de una expresión liberal individualista de la propiedad; por supuesto que esto se refiere a la concepción fundamental de la propiedad existente en dichos países, pero no dejamos de señalar que existen numerosas leyes que modifican, restringen y corrigen estas doctrinas.
VI. CONCEPCIÓN SOCIAL DE LA PROPIEDAD.
1) Derecho suizo
El código suizo de 1907 define en su artículo 641 los poderes del propietario, inspirándose en la doctrina dominante en el siglo XIX, es decir siguiendo -en grandes líneas- el ejemplo del Código civil francés.
Sin embargo, es mucho más reservado que el código francés ya que no pone de relieve el carácter absoluto de la propiedad, ni considera que las restricciones al dominio sean algo tan excepcional, sino que admite que la propiedad confiere a su titular solamente el poder de disponer "en los límites de la ley", o -como dice el texto alemán del Código suizo- "en los límites del orden jurídico".
Pero no se limita este código solamente a definir el derecho de los propietarios de manera distinta que sus precursores, sino que concreta ciertas diferencias, en especial en lo que se refiere a los poderes que tiene el propietario de bienes muebles, con respecto a los que tiene el propietario de inmuebles. Es sabido que la importancia social de estas dos categorías de bienes es muy distinta, y por ello se las somete a un régimen jurídico diferente, siguiendo en este aspecto la tradición germánica. Por ello el código suizo consagra un capítulo especial a la propiedad inmobiliaria (arts. 655 a 712), que no sólo contiene reglas relativas a la adquisición y pérdida de la propiedad, sino también disposiciones particulares que se refieren a sus elementos, su contenido y sus límites.
Se advierte también que el código suizo ha multiplicado las restricciones legales al poder de los propietarios, e impone también la necesidad de observar respeto por los intereses públicos. En efecto, se encuentra en este cuerpo legal un catálogo muy extenso de reglas vinculadas con las relaciones de vecindad (arts. 680 a 701), y también numerosas prescripciones de derecho público que protegen no el interés privado de las partes, sino l os intereses de toda la colectividad, comolos artículos 709, 711 y 712 vinculados con el uso de fuentes, arroyos y otras aguas, o el art. 699, que concierne al uso de los bosques y campos de pastoreo.
Carácter social de la propiedad privada
Las normas que hemos señalado ponen de relieve con toda claridad que el derecho suizo no comparte la concepción absoluta e individualista de la propiedad; es cierto que en Suiza, como en todas partes, la propiedad es el derecho real más completo que una persona puede tener respecto a una cosa, pero en este concepto quedan englobados "una serie de deberes impuestos a la persona que es titular del derecho", con respecto a sus vecinos y en general a toda la colectividad.
La propiedad, pues, concede derechos, pero al mismo tiempo obliga a su titular a una actitud correcta hacia la sociedad. En este punto la doctrina suiza es unánime, aunque no se encuentre en el Código una disposición análoga a la existente en el derecho alemán que estipula expresamente: "la propiedad obliga".
Sin duda podemos afirmar que la propiedad en suiza comprende a la vez derechos y deberes y tiene un sentido eminentemente social, aunque conserve al propio tiempo su carácter de derecho subjetivo. Esta naturaleza de la propiedad suiza corresponde perfectamente a la idea de cooperación, que es uno de los principios fundamentales de la Confederación helvética y de su ordenamiento jurídico.
Carácter individual de la propiedad privada
Aunque es innegable el carácter social de la propiedad en suiza, no debe sin embargo,
sobreestimárselo; solamente tiene como función poner un freno al individualismo excesivo y a la posibilidad de cometer hechos arbitrarios, pero no priva a la propiedad de su naturaleza individual.
La propiedad es siempre un señorío conferido al titular, en su interés personal, con la única reserva de no desconocer los intereses públicos y colectivos.
La doctrina suiza jamás ha discutido la estructura esencialmente subjetiva de la propiedad privada y todavía hoy insiste en la necesidad de conservarla intacta y no sacrificarla a las corrientes socialistas -no "sociales"- que en la hora actual predominan en ciertos países y procuran transformar la propiedad convirtiéndola en una "función"; los juristas suizos consideran que el individuo, y por tanto el propietario, debe ser protegido contra las exigencias siempre crecientes de la socialización de la vida pública y del Estado y mantienen vigorosamente la idea de que solamente la propiedad individual garantiza la dignidad de la persona humana, la libertad del individuo y la autonomía de sus actos.
2) Derecho italiano.
El viejo código italiano de 1865, en su art. 436, había calcado el modelo del art. 544 del código Napoleón, pero el código de 1942 ha cambiado esencialmente el régimen de la propiedad y el nuevo art. 836, de manera consciente y deliberad acuerda al elemento "social" un rango primordial y fundamental. Las restricciones a la propiedad no son normas que limiten "accidentalmente" un derecho subjetivo que por su naturaleza es integral e intangible, sino que pasan a formar parte de la noción misma de la propiedad. Pueden citarse en este sentido una cantidad de artículos (837, 860, 861, 865, 868, 869, 870, etc.), pero quizás la disposición más importante sea la del art. 838, que obliga a los propietarios a usar de sus bienes de acuerdo a su función económica y a las exigencias
de la producción nacional, sancionando con extremo rigor las violaciones de este deber: "Art. 838: Bienes de interés nacional. Cuando el propietario abandona la conservación, cultivo o ejercicio de bienes que interesan a la producción nacional, de modo que causa grave daño a las exigencias de dicha producción, puede hacerse lugar a la expropiación de dichos bienes por parte de la autoridad administrativa".
Vemos pues, que el código civil italiano de 1942 se ha apartado manifiestamente del carácter absoluto de la propiedad, llegando a admitir la expropiación en interés de la producción, y afirmando con énfasis la función social de la propiedad privada. Este carácter ha sido reafirmado por la Constitución italiana de 1947, que no sólo se abstiene de hacer cualquier alusión al carácter absoluto e inviolable de la propiedad privada, sino que advierte expresamente al propietario que su derecho está subordinado a los intereses de la colectividad y que el ejercicio de los poderes que confiere la propiedad está limitado radicalmente a fin de asegurar el cumplimiento de su función social.
Esta tendencia a la socialización de la propiedad que se manifiesta en el Código civil y en la constitución italiana, podrían inducirnos a engaño y hacernos creer que la propiedad privada ha desaparecido en ese país, pero ello no es así; el derecho de propiedad conserva en Italia su carácter de poder "exclusivo y completo" de una persona sobre una cosa; es un señorío individual, y el propio Código se encarga de afirmarlo explícitamente, al determinar en el art. 836 cuáles son los poderes del propietario: "... El propietario tiene derecho a gozar y disponer de la cosa de modo pleno y exclusivo, dentro de los límites establecidos por el ordenamiento jurídico y cumpliendo con las obligaciones que éste imponga."
Las razones del mantenimiento de la propiedad individual -no "individualista"- son de naturaleza diferente: a) el legislador ha estimado que ella garantiza mejor que cualquier otra forma de propiedad el bienestar de todos, la riqueza general; b) la propiedad individual es la base más segura para una buena organización familiar, y la familia es la cédula natural e indispensable de toda organización social.
Lo interesante es que el Código italiano de 1942 introduce en la descripción del contenido de la propiedad los "deberes", y -además- que se da como fundamento para esos deberes el carácter "social" de la propiedad.
3) Derecho Alemán.
El código civil alemán, sancionado en 1896, y en vigencia desde 1900, dedica su art. 903 para determinar cuáles son los poderes que tiene el propietario de una cosa corporal, sea mueble o inmueble, siguiendo en esto el modelo del Código civil francés; pero, sin embargo, las disposiciones de ambos códigos no se asemejan, porque el Código alemán -lo mismo que hemos visto en el código suizo- no señala el carácter absoluto de la propiedad y, además, acentúa la importancia de las restricciones legales, mencionándolas antes de haber indicado los derechos del propietario. Esta prudente reserva del código alemán se explica fácilmente si se recuerda que dicho ordenamiento
jurídico es casi cien años más moderno que el código francés y ello le ha permitido tomar en cuenta todas las experiencias sociales del siglo XIX.
Pero la prudencia de los términos empleados en la fórmula consagrada por el código civil alemán no debe engañarnos sobre el verdadero carácter de la propiedad alemana a la época de a sanción del código: todavía no se tenía de la propiedad una noción social, sino que era un derecho egoísta e individualista y así vemos que el Código sólo admitía las restricciones al dominio que se imponen en razón de vecindad, o en beneficio de intereses privados e ignoraba -o quería ignorar- las restricciones que interesan al derecho público.
La doctrina
La noción de propiedad que surge de las normas del Código Civil Alemán corresponde a la opinión dominante en la ciencia jurídica alemana del siglo XIX, pero no es la de todos los autores de ese período. Ya en 1877 IHERING la había criticado duramente, poniendo como ejemplo el caso de un avaro que deseaba hacer enterrar con su cuerpo sus joyas y sus colecciones de obras de arte y GIERKE en 1889 se pronunció en el mismo sentido que IHERING.
La oposición a la noción individualista de la propiedad se ha manifestado también en la
jurisprudencia, especialmente en un fallo del Tribunal administrativo Supremo de Prusia, en Berlín, conocido como "caso de la chimenea", resuelto en 1881. Esta jurisprudencia, y los mencionados autores, sostienen vigorosamente que la propiedad privada absoluta es inconcebible en nuestra sociedad y en nuestro tiempo, porque la propiedad no sólo otorga derechos, sino que su ejercicio hace nacer deberes y no pueden sobrepasarse ciertos límites, en razón de que el hombre no vive aislado, sino junto a sus semejantes y forma parte de un grupo o colectividad cuyos intereses no puede negar.
Esta doctrina, pese a la autoridad de los juristas que la propiciaban, no alcanzó a predominar ni encontró aplicación práctica durante mucho tiempo. Recién en la época de la República de Weimar se replanteó el problema y se modificó la noción de la propiedad.
Constituciones alemanas de Weimar (1919) y de Bonn (1948).
La Constitución de Weimar dispone en su artículo 153 que "La propiedad obliga...". De acuerdo al pensamiento de WOLFF este artículo crea un doble deber: a) exige que el propietario ejerza su derecho de propiedad, si el interés público lo hace necesario, por ejemplo, no puede dejar incultas sus tierras; y b) exige, además, que ejerza su derecho de propiedad de conformidad con los intereses públicos.
La propiedad privada -en especial la de inmuebles- se convierte así en una institución social y este carácter de la propiedad ha sido subrayado aún más por la constitución de Bonn, en su art. 14, que impone claramente a todo propietario la obligación de ejercer su derecho conforme a la naturaleza de la cosa que le pertenece, y respetando al mismo tiempo el interés general de pertenece, y respetando al mismo tiempo el interés general de toda la sociedad. El propietario no puede, por tanto, hacer prevalecer exclusivamente sus intereses individuales y egoístas, sino que debe servir junto con sus intereses personales, los intereses de la colectividad.
En este momento la propiedad alemana no es más un derecho absoluto e ilimitado, que otorgue a su titular la plenitud de los poderes sobre la cosa, sino que -por el contrario- es un derecho cuya función social está claramente definida, y cuyo contenido se encuentra limitado desde el momento de su nacimiento.
Las restricciones que sufre el propietario en el ejercicio de su derecho no constituyen excepciones, extrañas a la noción misma de la propiedad, sino que son inherentes a la esencia misma de este derecho.
4) Resumen.
Los sistemas jurídicos que hemos analizado reconocen todos el carácter social o la función social de la propiedad, y esta característica corresponde a una de las tendencias dominantes en a evolución actual del derecho, que se manifiesta no solamente en Suiza, Alemania e Italia, sino también en muchos otros países tanto de Europa como de América, o Asia.
Finalmente, creemos necesario insistir sobre el significado de esta "concepción social" de la propiedad. En primer lugar, advertimos que la propiedad ya no es considerada como un derecho absoluto e ilimitado, sagrado e inviolable; el propietario, en estos sistemas, tiene la obligación de ejercer sus derecho de manera que no ocasione perjuicio a la sociedad o, mejor aún, en armonía con los intereses de la sociedad.
Por supuesto que esto no significa que la propiedad haya dejado de ser un derecho real subjetivo; el titular del derecho continúa teniendo un señorío individual que le deja la iniciativa de su empleo y es él la única persona que puede ejercer las facultades que corresponden a su derecho de propiedad; sus iniciativas y sus decisiones, libremente tomadas, son el motor del uso que efectuará de la cosa, con la salvedad de que debe respetar el interés de la sociedad. El propietario no actúa bajo las órdenes de otros, ni ejecuta "planes" elaborados por el estado, sino que continúa actuando libremente.
La concepción social, en resumen, nos enseña que en la propiedad hay una doble relación en la que se conjuga el poder individual con la obligación frente a la sociedad.

VII. CONCEPCIÓN "MARXISTA" O "SOCIALISTA" DE LA PROPIEDAD.
1) Bases ideológicas
La concepción liberal y la concepción social de la propiedad tienen por base -como lo hemos visto- la propiedad privada individual. La concepción socialista, por el contrario, gira sobre el principio de la propiedad colectiva. Esta concepción reposa, como se sabe, sobre la doctrina de Karl MARX y su crítica dialéctica de la propiedad privada.
No es éste el momento de exponer las concepciones de Marx, ni siquiera sumariamente, porque este análisis sobrepasaría, sin duda, los límites del estudio que nos hemos propuesto. Señalemos, sin embargo, para comprender mejor el régimen comunista de la propiedad, que Marx ha enseñado que la propiedad privada era una contradicción irreductible con el modo de producción, ya que la producción -en razón de la división del trabajo- es de carácter social, porque cada uno produce no para sí, sino para el conjunto de la sociedad. Por otra parte manifestaba también que el obrero que vende a precio fijo sus servicios no obtiene bajo la forma de salario el verdadero valor de la prestación que brinda y esto ocasiona una diferenciación en las clases sociales, el acrecentamiento del capital, y la explotación del hombre por el hombre.
La abolición de la propiedad privada, o más exactamente de la propiedad privada de los medios de producción, y su reemplazo por la propiedad colectiva son -a los ojos del marxismo- una condición previa indispensable para que puedan luego suprimirse las "injusticias sociales", desaparecer las diferencias de clases, y lograrse el progreso y bienestar de la humanidad.
Las ideas marxistas sobre la propiedad se han aplicado en la URSS que, a consecuencia de la revolución de 1917, fue el primer país cuyo sistema económico y social ha sido fundado sobre la propiedad colectiva.
La Unión Soviética ha procurado crear un orden socialista, es decir un orden político y económico donde la vida colectiva obedezca al principio de "por todos y para todos", y ah sancionado normas jurídicas que consagran estas concepciones marxistas.
En la actualidad y especialmente después de la Segunda Guerra Mundial, numerosos países -
especialmente de la Europa del Este- han orientado su legislación en el mismo sentido de la legislación soviética; podemos citar entre ellos, Albania, Bulgaria, Hungría, Polonia, Rumania, Checoslovaquia y Yugoslavia; en el Asia: China, Tíbet, Vietnam del Norte y Corea del Norte; y en América: Cuba.
La evolución sufrida por la propiedad privada en estos países, presenta una gran similitud con lo ocurrido en la Unión soviética, y por ello podemos contentarnos con examinar aquí, a título de ejemplo, el régimen soviético de la propiedad.
2) La propiedad en el derecho de la URSS. Fuentes.
El régimen de la propiedad soviética ha sido establecido principalmente por dos grupos de textos:
1) Primero, una serie de disposiciones contenidas en la constitución de 1936, entre las que podemos citar los arts. 2, 4, 5, 6, 7, 9 y 10, cada uno de los cuales tiene un extenso contenido, formado por varios parágrafos, que nos muestran la importancia que se concede a la propiedad en los países socialistas y en especial en la U.R.S.S.
Quizás sea conveniente señalar el número inusitado de disposiciones constitucionales relativas a la propiedad, lo que pone de relieve que la reglamentación de este derecho tiene par el régimen comunista una importancia esencial.
2) En segundo lugar las normas que encontramos en el Código Civil de la República Socialista Federativa de Rusia Soviética, que sirve de modelo para los códigos civiles de las otras repúblicas soviéticas. En el mencionado Código hay algunas disposiciones contenidas en la parte General (art. 20 a 24), y otras en Derechos reales (arts. 52-70), de las cuales merecen especial mención los arts. 54, 58, 59, 60, 66 y 67, que con los que nos permiten delimitar y fijar bien la noción comunista de la propiedad.
3) Fraccionamiento del concepto de propiedad.
El conjunto de las disposiciones que hemos mencionado nos permiten advertir sin dificultad el rasgo más característico del régimen soviético: se ha abandonado la noción homogénea de la propiedad, y se la ha fraccionado en muchas categorías distintas, que se diferencian por su contenido y por la mayor o menor protección que les dispensa el Estado, de acuerdo a la función que cumplen y a su importancia social.
Estas categorías, indicadas expresamente en la Constitución, son principalmente dos: a) la propiedad socialista, y b) la propiedad privada.
4) Propiedad socialista:
La propiedad socialista, a su ve, se subdivide en Propiedad del Estado (arts. 5 y 6 de la
constitución), que recae sobre los medios de producción, y forma el fondo único de propiedad del Estado, es decir que en definitiva pertenece a todo el pueble; y la propiedad de las cooperativas y kolhozes (art. 7 de la constitución) que también recae sobre bienes de producción, que pertenecen a asociaciones cooperativas, y que no integran ese "fondo único" de propiedad del Estado.
La propiedad social del Estado es la forma suprema de la propiedad, que -de acuerdo a lo dispuesto en el art. 131 de la Constitución- "todo ciudadano de la URSS tiene el deber de salvaguardar y acrecentar".
Comprende toda la tierra, los medios de producción, las aguas, los bosques, las fábricas, minas canteras, los bancos, los medios de comunicación, etc., es decir todas las fuentes de riqueza y poder; se comprende entonces fácilmente por qué el mismo art. 131 expresa que "los individuos que atentan contra la propiedad social del Estado son enemigos del pueblo".
Mucho más modesto es el lugar reservado a la propiedad privada de algunos medios de producción, que sólo excepcionalmente es tolerada dentro de ciertos límites.
5) Propiedad privada
La propiedad privada, a su ve, también se subdivide, en "propiedad privada limitada" (art. 9 de la Constitución), que recae sobre ciertos medios de producción (pequeñas explotaciones rurales y empresas artesanales), y reposa sobre el trabajo personal del propietario; y la propiedad personal (art. 10 de la Constitución), que tiene como objeto bienes de uso o consumo.
6) Propiedad personal
Esta categoría de propiedad, aunque de rango inferior a la propiedad socialista, tiene sin embargo una extensión bastante considerable puesto que puede comprender -de acuerdo a la constitución, art. 10 y al C. civil, art. 54- los salarios y ahorros que provengan del trabajo de los ciudadanos, la vivienda (pero no la tierra sobre la cual asienta), los utensilios de uso doméstico, el ajuar de la casa, los objetos de uso y comodidad personal y otras cosas que no estén reservadas a la propiedad socialista.
En cuanto a su contenido jurídico la propiedad personal es una propiedad protegida por la Constitución, inembargable, y plenamente transmisible a los herederos. El Código civil ruso, inspirándose en el modelo del código suizo, proclama que el propietario tiene, dentro de los límites fijados por la ley, el derecho de poseer, gozar y disponer de sus bienes, es decir que de acuerdo a esta disposición se acordaría al titular un poder exclusivo y perpetuo sobre las cosas que son objeto de su señorío.
__________
(1) KADEN señala que se utiliza el vocablo con este significado en el art. 353 del C. civil de Austria y también con frecuencia en la doctrina inglesa al referirse a la "property", y en la sueca cuando se habla de la "egendom".

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